VACÍO EDUCATIVO

La historia como madre y maestra: Andrés L. Guillén

¿Cuáles fueron las aspiraciones nacionales panameñas al fundarse la república? ¿Qué metas nos propusimos como país en 1903? ¿Qué principios fundamentales nos han guiado desde entonces?

Nuestra experiencia política, económica, social, cultural e internacional acumulada y compartida durante estos 112 años hace que la historia nacional se vuelva en instrumento de recuperación moral y en fuente de pedagogía. Por eso, la memoria colectiva de los panameños, al situarse en el pasado, presente y futuro requiere un enfoque epistemológico, aún para examinar temas periféricos o subsidiarios de la historia nacional.

El siglo XX fue para Panamá un periodo de formación que generó muchos cuestionamientos porque no solo se tenía que lidiar con la ruptura de su pasado, sino establecer nuevas referencias existenciales para contrarrestar cualquier saga o leyenda fundadora.

Si bien es cierto que todo conocimiento histórico está sometido a la revisión, una vez esté escrito, no por eso pierde su valor como breviario epistemológico dedicado a la búsqueda de la verdad, objetividad, realidad y justificación del pasado.

Una de las características de la historiografía, como ciencia, es la multiplicidad de historias heterogéneas y la pluralidad de temas que la conforman. En nuestro caso, ese conjunto de memoria personal y memoria colectiva requiere de arte o ciencia, o ambas cosas, para su interpretación como historia nacional.

Basta ver los escritos de los principales protagonistas y conspiradores del 3 de noviembre de 1903, que dan paso a la versión patriótica o “leyenda blanca o dorada” de ese evento, por ejemplo: La independencia del Istmo de Panamá, sus antecedentes, sus causas y su justificación, por Ramón Maximiliano Valdés, fechada 18 de noviembre de 1903; Datos para la historia de la independencia del Istmo proclamada el 3 de noviembre de 1903, por José Agustín Arango, fechada 28 de noviembre de 1905; Exposición histórica acerca de los motivos que causaron la separación de Panamá de la República de Colombia en 1903, por Federico Boyd, fechada 3 de noviembre de 1911, y Memorias sobre la emancipación de Panamá, del Dr. Manuel Amador Guerrero, publicada poco antes de su muerte en 1909, entre muchos otros relatos escritos por sus otros participantes.

Lo triste para los panameños no es que exista otra “leyenda negra” de estos hechos que atribuya al gobierno de Theodore Roosevelt la creación de la República de Panamá, sino que la apatía malsana de nuestro sistema educativo no da lugar a la erudición ni a la crítica histórica, aun como culto a los héroes o al desencuentro de un mito. Visto así, en Panamá no se concibe la historia como una evolución dinámica digna de estudio para discernir nuestra identidad, privándonos del pasado y de nuestra grandeza como sociedad.

Como muestra un botón: no hay una facultad de historia en ninguna de nuestras universidades mucho menos de historia del arte, de museología, de antropología, de arqueología, de arqueometría, de conservación y demás disciplinas de estos saberes históricos. ¿Cuándo cambiaremos esto?

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