hoyporhoy_2012-02-12

Que ningún fin valida los medios para alcanzarlo si estos pervierten la ley, sería la lectura más objetiva sobre la condena dictada esta semana por el Tribunal Supremo de España contra el juez Baltasar Garzón por el delito de intervenir las comunicaciones de los sospechosos en un caso de corrupción.

Las causas emprendidas en su momento por Garzón contra terroristas de ETA y narcotraficantes, Augusto Pinochet por crímenes de lesa humanidad y las oscuridades del franquismo, le granjearon amplia simpatía internacional al vérsele como el adalid de las luchas contra la impunidad de los más poderosos. Mientras el magistrado afirma que nada hizo al margen de la ley, por doquier se habla de venganza política en contra suya por cuenta de las derechas rabiosas.

En todo caso, por unanimidad, los jueces que le impusieron una inhabilitación de 11 años consideraron que el acusado, al hacer uso del espionaje telefónico, recurrió a “prácticas que en los tiempos actuales solo se encuentran en los regímenes totalitarios en los que todo se considera válido para obtener la información que interesa, o se supone que interesa”. Bien podría el régimen que vivimos darse por enterado.

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