hoyporhoy_2013-04-17

Lo hemos advertido hasta el cansancio: la deuda pública está creciendo desmedidamente. Es un contrasentido que echemos mano del crédito en un momento de abundancia, con tasas de crecimiento excepcionales y niveles de recaudación inéditos.

No nos estamos preparando para cuando vengan las vacas flacas y la economía requiera de un impulso por parte del Gobierno. Al contrario, gastamos hoy lo que probablemente necesitaremos mañana, al punto que la demanda del sector público está contribuyendo al aumento generalizado de precios y hace presión sobre el mercado laboral.

Pero hay más; no todo el dinero ha sido bien invertido. La improvisación y la discrecionalidad en la asignación de recursos resultan en hospitales sin personal y aulas sin profesores. Y la falta de controles y la corrupción en sobreprecios y contratación de personas o empresas no calificadas.

A la postre, tendremos que lidiar con la resaca de esta gran fiesta de derroche. Los responsables no estarán allí para responder por los daños y seremos los contribuyentes quienes, una vez más, tendremos que salir al frente y pagar por las copas rotas.

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