hoyporhoy_2013-06-28

Independientemente de los recursos de que disponga un gobierno, los funcionarios tienen la obligación de administrarlos con celo, porque las necesidades son infinitas.

 Penosamente, lo que se observa es derroche y negligencia, cuando no corrupción. Ayer fueron los servicios pagados a precios exorbitantes por la defensora del Pueblo; hoy son los equipos que están a la intemperie en los predios del aeropuerto.

La laxitud con que los funcionarios manejan los bienes a su cuidado se explica y se perpetúa por la falta de consecuencias.

El gerente de Tocumen, S.A. es un buen ejemplo: no obstante los cabos sueltos en la fase uno de la ampliación, y a pesar de no haber presentado los estados financieros de esta empresa estatal desde hace dos años, ya tiene luz verde para seguir con la fase dos. Servidores públicos dicen ser, pero se dan muchos lujos, incluido el de actuar de espaldas a la ciudadanía.

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