hoyporhoy_2014-09-14

¿Cuándo, Dios, vendimos aquí nuestra primogenitura, nuestra herencia de nación pacífica y país seguro, por el plato de lentejas de una prosperidad rutilante, pero vacía y hueca de los valores que aprendimos y que tanto esperamos que reconozcan los demás? Esos mismos principios que exigimos ver respetados por los que gobiernan mientras, como sociedad, nos hemos acomodado al progreso sin advertir que el lobo estaba a las puertas de la casa y que debíamos estrellárselas en la cara. Pero le abrimos paso a la violencia con complicidad tolerante.

No culpemos a otros; no es momento. Ya vemos cómo los que armaron sin sentido una fuerza pública, incipiente para enfrentar la maquinaria industrializada del delito, mintieron al decir que la violencia era doméstica, peleas de marido y mujer. Ahora son familias enteras las que el crimen necesita asesinar para que sus ajustes de cuentas se hagan sentir con mensajes tenebrosos. ¿Vamos a tolerarlo más o como sociedad nos movilizamos para exigir a este gobierno, cuyas promesas en dicho aspecto deben ser su prioridad, que haga algo antes de que el infierno llegue a cada hogar panameño?

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