TEMA PRIORITARIO

Una huelga contra la educación: Javier Yap Endara

Ha llegado a mi conocimiento la creación de una terapia que ayuda a eliminar varios tipos de cáncer con resultados extraordinarios. Se demostró que los países que la implementaron han incrementado considerablemente su nivel de vida.

Pero, para la tristeza de los panameños, seguimos esperando que esta terapia llegue a nuestro país. Sucede que el Gobierno no ha podido implementarla, debido a las amenazas que ha recibido del gremio de trabajadores del Oncológico.

Ellos argumentan que, en caso de llegar, esta terapia afectaría sus plazas de trabajo en las condiciones tradicionales. En consecuencia, miles de panameños siguen muriendo de cáncer, mientras otros países ven cómo su población se cura. Lo bueno es que los trabajadores seguirán teniendo su plaza.

Piensan ellos: “¡Qué osadía por parte del Gobierno! ¿Imponer el derecho a la vida a costa del derecho a los trabajadores?”. Pido disculpas por los ejemplos inventados, y confío en que pronto dicha terapia llegará realmente a existir. Lo que sí existe, y pasa en Panamá, es una situación de las mismas proporciones y características en la educación. Con las amenazas de huelga docente hay tres puntos que debemos recordar.

Primero, los impuestos que pagamos en educación tienen un solo fin: la educación. Nadie, absolutamente nadie, da parte de su salario teniendo como propósito asegurarles a los profesores una plaza de trabajo permanente, mucho menos bajo sus exigencias, por encima de la educación de sus hijos. Si es dinero recaudado del bolsillo del pueblo y destinado a la educación del pueblo, ¿por qué a quienes contratamos para que hagan un trabajo son, al final, quienes impiden su realización?

Como segundo punto, confieso que no voté por el presidente Martinelli, porque apoyé, a capa y espada, a mi difunto abuelo. Sin embargo, la mayoría de los panameños sí votaron por él y debemos respetar la voluntad popular. No solo votaron por su persona, sino por sus promesas, y entre ellas, las reformas a la educación. El panameño común no debería tener que agruparse y salir a las calles a defender la educación, ya que demostraron a través del sistema democrático las ganas de un cambio. ¿Es posible gritar más alto? La ministra debe cumplir el mandato que los panameños le dieron a su jefe en cuanto a reformas educativas, y no el mandato de los profesores y, de paso, ver si se animan a cambiar. Si los cambios no llegan a tener tan buenos resultados, será un error de todos porque le dejamos esa tarea al gobierno que elegimos. Al final será una decisión de la mayoría, no de unos cuantos agremiados, por los que nadie votó.

Como último punto, hay que estar claros de algo. La educación tiene que cambiar constantemente para ajustarse a la demanda laboral, sino, no cumple con su propósito de sacar a las personas de la pobreza. Esta pobreza, en conjunto con la delincuencia, el desempleo, el alto costo de la vida y los demás problemas que encadenan a la nación, tienen como raíz la educación. Poco me entusiasma el crecimiento económico, si esto no se soluciona. La educación es tan vital como la salud, y la ignorancia tan fatal como el cáncer. Hablemos del derecho de los trabajadores. Los profesores reclaman el suyo, pero, ¿quién reclama los de las próximas generaciones que no lo conseguirán por falta de educación?

Aquí estamos.

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