RESPONSABILIDAD

¿Qué implica ser un buen administrador?: Edgardo Lasso Valdés

Para algunos lectores, esta interrogante parece fácil de responder, sin embargo, muchos de los que creen conocer la respuesta lógica a tan simple pregunta se tropiezan con la dura realidad, al analizar los resultados de las acciones administrativas, tanto en las empresas privadas como en las entidades públicas.

En el ámbito privado, el empresario que para demostrar su habilidad administrativa ofrece los productos (sean estos de consumo o de inversión) al valor adquisitivo –con el resultado obvio de que los usuarios preferirán su oferta–, al poco tiempo se dará cuenta de que mientras más vende más pierde, pues esos mismos productos que vende a precios de ofertas, a él le cuesta más adquirirlos.

Esto explica en parte el fracaso de algunas instituciones financieras, que ofrecen mayores intereses sobre las inversiones captadas, las que si no puede reinvertir en operaciones de crédito, a una mayor tasa de interés, se le convierten en una pesada carga financiera, muy difícil de superar.

Lo mismo sucede con los administradores de fondos públicos, cuando consideran que mientras más subsidios y canonjías le ofrezcan y otorguen a los ciudadanos, demuestran su habilidad al frente del cargo que ostentan con gran orgullo. Sin embargo, lo que en realidad exhiben es su gran irresponsabilidad, pues mientras no tengan a su disposición las cifras reales de todos los proyectos en proceso de ejecución, las carencias más apremiantes de las comunidades, y las entradas y salidas que maneja y soporta la hacienda pública cualquier ofrecimiento de nuevos subsidios no será más que otra prueba fehaciente de una administración deficiente.

Un buen administrador, entonces, no es aquel que más da a los usuarios de sus servicios, sino quien ofrece sus productos a precios cónsonos con la realidad del mercado, de manera que él se pueda mantener con éxito, asegurando la seguridad, el conocimiento y la estabilidad de la empresa bajo su responsabilidad gerencial.

Me agradaría que los aspirantes a los cargos públicos que están por definir y los que ya están en ejercicio –desde la Presidencia del país hasta el de menor jerarquía gubernamental– le rindieran un informe a los electores, en el que detallen sus conocimientos académicos y sus experiencias personales y profesionales.

Esto le daría sustento a sus aspiraciones para determinados cargos, sobre todo, si se acompaña de la voluntad de dedicarse, a tiempo completo, a la búsqueda de mejores días para la patria y todos sus habitantes.

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