EL MALCONTENTO

Esto no le importa a usted: Paco Gómez Nadal

Esto de lo que voy a escribir... no le importa. O parece que no le importa a la mayoría. No le importa a los candidatos presidenciales, no le importa al Presidente, ni a Valter Lavítola, ni a doña Marta, ni a los altos funcionarios de Naciones Unidas, ni al chef del restaurante de moda al que fue este fin de semana, ni a los músicos que el sábado triunfaron en su concierto, ni a Barack Obama o Vladimir Putin (tan enredados en la cuarta guerra mundial). No le importa al papa Francisco ni a ese gurú de la autoayuda que acaba de dar una conferencia por la que cobró a cada “necesitado” de consejo 100 dólares. No puede importar lo que no existe, y de lo que les voy a escribir es de los nadie, de los invisibles, de seres humanos que no son porque a nadie importan. ¿O sí?

Conocí a algunas de estas personas en el año 2009. Acompañé a la Fundación Almanaque Azul a un viaje al paradisíaco archipiélago de Las Perlas para comprobar que el paraíso también tiene dueño. Todo tiene dueño, aunque este no sea el que lo trabaja, el que lo vive, el que lo sufre en su historia de exclusión. Uno de los lugares en los que estuvimos trabajando con la comunidad fue la isla de Pedro González. Al mismo tiempo que nosotros, que aprendíamos con el carácter tierno y guerrero de sus gentes, había un par de ONG dedicadas a hacer el trabajo sucio de los dueños del paraíso. Ya saben: cursitos de inglés inútiles, terapias colectivas para pobres que logran hacerlos más dóciles, talleres para convertir a pescadores y campesinos en empleados asalariados y, con ello, traer “el desarrollo” a pueblos afrodescendientes “ignorantes”. Esa es su lógica. Aunque en esta historia que les cuento, los únicos ignorantes somos nosotros. Los que no sabemos, los que no vemos. Los que no queremos ver.

La cosa es así. Los dueños aparecieron de la nada. Pasean a orgullo uno de los apellidos ¿nobles? del país: los Eleta, les dicen. Tiene un título legal que les hace dueños de toda una isla. Todo es legal en el reino del abuso. Cuando España invadió América lo primero que gestionó fue la bula papal que legalizaba el expolio y la usurpación. El poder (y sus formas de violencia) siempre es legal. Así que con su título llegaron cuando quisieron rebautizar la isla (Pearl Island) y vendérsela a cachitos a gente de plata de allá al Norte, donde todo se dice en inglés. Esa gente no necesita vecinos pobres, sino empleados disciplinados que arreglen sus jardines o limpien sus yates. La empresa que tapa el apellido, Zoniro, decidió (re) comprar lo que consideraba suyo y pagó miseria a cambio de vida y silencio. Pero en el paraíso siempre hay rebeldes, digna gente que aprecia más un pedazo de tierra fértil que unos billetes verdes secos; que está más anclada a su vida frente al mar que a la ambición falsa que llega con los espejitos. Esos son los que molestan.

No le importa a usted, ni le debería importar que justo hace una semana los rociaran con gases lacrimógenos, los golpearan, los balearan con perdigones, los detuvieran... No le debería importar que unos “peligrosos” criminales de Pedro González exigieran a la empresa que oculta el apellido por qué había mandado a sus gorilas y a sus máquinas de hierro a tumbar la finca de don Sebastián. El desarrollo tiene estas cosas, ya sabemos. Es necesario que algunos sufran para que el PIB nacional crezca y para que las familias de bien del país sigan engordando gracias a la sangre ajena.

Tampoco le importó a nadie cuando denunciamos a voz en grito cómo Ganadera Bocas (tapadera del apellido Guardia) tumbaba las casas de los nasos allá en Bocas del Toro, o cómo los desposeídos del turismo se apelotonan en el barrio La Solución de isla Colón, o como los acaparadoras de tierras compran bajo engaño a los campesinos de las provincias centrales justo después de que el programa de titulación de tierras hiciera magia y convirtiera derechos posesorios en títulos vendibles.

Lo que importan son otras cosas, pero yo llevo varios días revuelto de tristeza al pensar en la angustia de los vecinos de Pedro González, enfrentados a un gigante que los aplastará porque a nadie le importa lo que ocurra.

Lo que importa es el pinche Metro ese que va a arruinar al país cuando haya que subvencionar cada viaje (los 15 dólares del Instituto Cato), lo que importa es escuchar mentiras de los candidatos, lo que importa es que Panamá sea la primera en crecimiento macroeconómico, lo que importa es si viene un famoso de vacaciones o si hay un nuevo hotel de siete estrellas. Eso es lo importante.

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