MEJORES CIUDADANOS

¿Por qué es importante promover la ética y los valores?: Ricardo Cochran Martínez

“Quien construye sobre ideas, construye para la eternidad”, esta sabia frase de Ralph Emerson, escritor y filósofo estadounidense del siglo XIX, es fundamento del aprendizaje humano y sus logros; a quién se le ocurriría que para construir un acueducto hoy, trasladaríamos el mismo “acueducto romano” de hace 20 siglos; lógicamente, desarrollamos la idea y construimos uno en nuestra comunidad; por eso quienes dicen que las “ideas son de tontos” no conocen cómo está estructurado el mundo humano, por lo tanto su doxa es inaceptable.

Nuestros países en América Latina gastan millonadas de dinero, pero aun así no logramos ni dar una educación para la vida ni, posteriormente, “capacitamos” a las personas para desarrollarse y lograr una mejor labor en la sociedad, porque debemos construir, precisamente, sobre ideas y estas deben ser éticas.

La educación juega un papel esencial en la transmisión de conocimientos, de ideas que son verdades necesarias para que vivamos y una de las ideas más poderosas es, precisamente, la ética, la forma racional de asimilar los hábitos y costumbres que son positivos para un individuo y su sociedad.

El mundo acelerado y vertiginoso del capitalismo actual ha creado, a su imagen y semejanza, una política de antivalores y de consumismo, esto ha hecho que el rol de la educación se dirija hacia parámetros de vida equivocados.

La imagen de aquellas personas manejando un vehículo de 50 mil dólares es, según estos “repicadores”, la viva imagen de la felicidad, pero ciertamente no es la más verdadera. Verán, para los griegos los hombres sabios eran aquellos que lograban “vivir mejor”, puesto que como mortales que somos todos hemos de morir, entonces, ¿por qué no apegarnos a una forma de vida sabia, prudente y justa, que implique que aun cuando alrededor de nosotros las demás personas prosperen con su corrupción y posean más bienes materiales, eso no nos afecte?

Todo lo que sembramos lo cosechamos; no importa si al corrupto le va bien, no debe ser un ejemplo a seguir, porque ciertamente todo llega a su fin, de una manera u otra.

Hemos escogido bien: seguimos una ética que enseña a hacer lo correcto. Pero, para vivir mejor, necesitamos que nos eduquen, que nos enseñen a tomar las decisiones correctas, prudentes y a la vez valientes para oponernos a lo que es malo, a lo que principalmente es falso, como la idea aquella de que una corbata, un vehículo o una bebida nos dará los dones del paraíso o nos hará mejores.

Por ello, el rol de la educación debe orientarse a explorar la ética como una forma de vida, no como un mero vocablo; debemos exigir en nuestra enseñanza que nos preparen para tener una mejor existencia y una mejor convivencia con los demás, que nos hagan valorar lo que se debe valorar y rechazar lo que es malo, que nos enseñen a identificar lo auténtico, porque esa “educación” basada en un aumento de materias tecnológicas –que no niego son importantes– está orientada a una “educación funcional”.

Pongamos un ejemplo, si necesitamos obreros o especialistas o técnicos los creamos de forma acelerada, con planes de estudio para que un mes se gradúen de algo; pero no educamos en materia de humanidad, solidaridad o justicia; así que aun cuando logremos un título profesional, pero sin una educación ética e integral que forme a una persona según el lema griego: “mente sana en cuerpo sano”, tendremos cada día más y más a seres corruptos, negativos, amargados, desleales materialistas; estaremos ante un mundo de autómatas.

La ética forma a las personas, les da estabilidad psicológica, emocional y empírica para enfrentar la vida con mejores decisiones y con una disciplina y voluntad importante para cambiarnos, no solo a nosotros sino a los demás.

Dicen que una golondrina no hace verano, pero se sorprenderían al saber que un solo acto generoso, bueno, justo o de compañerismo, eclipsa, por lo mucho, al mal.

Reflexionemos, entonces, sobre lo que es importante en nuestra vida: ser o vivirla; pero vivirla con ética y sabiduría. Por eso debemos promocionar la ética para que tengamos mejores hombres y mujeres en nuestro país, de repente, ¡sí logramos un cambio!

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