GOBIERNO

Los importantes primeros 100 días...: Néstor Solís Valdés

Cuando Franklin D. Roosevelt asumió la Presidencia de Estados Unidos (EU), el 4 de marzo de 1933, más de 10 mil bancos habían quebrado tras el colapso del mercado de valores de 1929. La cuarta parte de los trabajadores del país estaba sin empleo y la gente luchaba por las migajas de comida. Era, tal vez, la hora más oscura de la Gran Depresión.

El carismático líder demócrata pasó muy rápido de las palabras a la acción. Para el mandatario, la situación obligaba a que el Gobierno tomara una actitud firme, proactiva y, sobre todo, que ofreciera resultados eficientes a corto plazo. Para lograrlo, Roosevelt propuso un ambicioso paquete de reformas legislativas y administrativas a las que llamó New Deal que requerían del total consenso del Legislativo y un verdadero pacto social. Así llamó, de forma inmediata, a sesiones extraordinarias para discutir 15 leyes que le darían un giro revolucionario a la política económica del país y que significaría el rescate de la nación. Esto sirvió para catapultar al mandatario como uno de los más populares y exitosos de todos los tiempos en EU.

Desde entonces, los primeros 100 días han sido una referencia para la medición de las intenciones y de la eficacia de un nuevo presidente. No es un reto fácil. Es durante estos días que se demuestra que no se defraudará a los votantes y que son el cambio que necesitaba el país. Significan demostrar capacidad de gestión y generar confianza y optimismo.

Sobre esta base suele ser habitual que los gobernantes recién elegidos centren su actividad en los problemas que les han hecho ganar las elecciones: economía, canasta básica, seguridad, transporte, etc. De esta forma lo que se busca es lograr un efecto de que está comprometido

No obstante, en política no hay nada escrito y la percepción que tengamos será la realidad. Por lo que existirán distintas percepciones. Para algunos significará un período de transición, aprendizaje y adaptación; otros esperarán resultados dentro de este término, y hay muchos más que no esperan nada.

Y aunque en este centenar de días se debe conocer la agenda de gobierno, esto no necesariamente permiten predecir lo que será el resto de la gestión.

Como ejemplo de lo anterior, recordemos los primeros 100 días de la presidencia de George W. Bush. Él tuvo dos mandatos definidos por el lanzamiento de la guerra en Irak y por lo que ocurrió en los primeros nueves meses del primero, posterior al ataque de las Torres Gemelas en 2011. O, para no irnos tan lejos, en los dos últimos mandatos en nuestro país, los primeros días se han caracterizado por las fuertes lluvias que han provocado deslizamientos e inundaciones, y otras tragedias, y no dejan cabida para pensar mucho, sino para entrar en acción.

Esto lo que hace es que el Gobierno se desenfoque y mire el momento, no a futuro.

Con esto no digo que no sea importante tener un tiempo para evaluar lo que creemos será el nuevo gobierno, para dejar asentar en sus puestos a quienes lo componen y conocerlos, pero 100 días nunca serán suficientes para sentenciarlos.

En el vaivén de la política, pueden ser los peores primeros 100 días o los mejores 100 “últimos” días.

Como dijo el presidente Obama, en referencia a sus primeros cuatro años de mandato: “Los primeros 100 días van ser importantes, pero probablemente van a ser los primeros mil días los que marcarán la diferencia”.

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