ANIVERSARIO DE LA ESCUELA NORMAL

Una fuente inagotable del saber: Víctor Leonel Benavides Pinilla

A mediados del siglo pasado, Harmodio Arias sentenció que “una de las necesidades más apremiantes de toda democracia es el mantenimiento de escuelas, siempre que estas se dediquen a la difusión de la verdad sin miras tendenciosas o de propaganda determinada. Aparte de las ventajas extraordinarias que en toda época la educación lleva consigo, el estado de crisis que predomina hoy en el mundo civilizado exige imperativamente que el ciudadano esté capacitado para tomar parte en la organización social que la democracia presupone”.

Desde su fundación el 5 de junio de 1938, la Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena se ha mantenido como un baluarte permanente de difusión de la verdad, capacitando durante 75 años a los ciudadanos con el fin de contribuir al desarrollo integral del país. Coincido totalmente con lo expresado por Samuel Lewis y puedo afirmar en esta fecha memorable, que la Normal de Santiago, hoy como ayer, “es el monumento definitivo que el doctor Arosemena, como Presidente de la República, ha erigido a la democracia panameña. Es su obra maestra. Ella basta para merecerle puesto de honor en concepto de la posteridad”.

Grandes personajes del quehacer educativo desde sus inicios se manifestaron positivamente frente al impacto de la fecunda labor normalista en bien del interior; ello es así, porque el movimiento y el espíritu que esta institución ha infundido en la región ha traído benéficas repercusiones en todo el país, haciendo brotar la marcha del progreso y el desarrollo cultural y económico en aquel entonces, allí donde, por el éxodo de los moradores y la falta de aliento y de oportunidades favorables, otrora, parecían querer paralizarse, como bien lo expresara en su momento Jeptha B. Duncan.

De allí, su creación como una institución de cultura en valores, ubicada en el centro geográfico del istmo, en una de las regiones más atrasadas de la época, y con su fundación se afianzó el concepto de patria y se impulsó con fuerza el interior de la República, transformando, para bien, a las provincias centrales.

En su momento, Belisario Porras Barahona, siendo Presidente de la República, parafraseando a Montesquieu, Charles Louis de Secondat, manifestó que “en muchas cosas el éxito no se consigue con el primer paso que demos, sino consiste en conocer cuán lejos o cuán largo tiempo se toma en llegar a él. Los grandes resultados de nuestras acciones en la vida son útilmente alcanzados por medios muy sencillos y con el ejercicio de cualidades ordinarias como el sentido común y la perseverancia.

La Normal Augusta es el resultado de esas dos cualidades que convergieron en un estadista como lo es Juan Demóstenes Arosemena, ya que su legado tuvo, tiene y tendrá vigencia por el fructífero resultado en sus egresados y egresadas.

Es por ello que instó a toda la familia normalista para que vuelva sus ojos hacia nuestra alma máter, que nos ha dado tanto por tan poco. Recordemos que lo que somos es el resultado de esa sólida formación académica en valores que nos proyectó en cada una de nuestras especialidades. Honremos a nuestra Normal con nuestro aporte espiritual, intelectual y material, ya que ella nos necesita. Respaldemos con entusiasmo las efemérides diamantinas y aunemos esfuerzos para enfrentar los nuevos retos que demanda una sociedad implantada en un mundo cada vez más globalizante. Recordemos que “somos normalistas por siempre”.

Igualmente exhorto a las autoridades educativas para que se inserten en la visión de Juan Demóstenes Arosemena, respaldando con insumos la labor educativa que en la actualidad realiza una excelente planta docente y administrativa en beneficio del equilibrio entre la libertad individual y la seguridad personal y colectiva, ya que en su momento, su fundador, el Dr. Arosemena, al establecerla tuvo la visión de poner al alcance de las juventudes, los medios indispensables para el desempeño de las obligaciones que el desenvolvimiento social exige.

Esta visión no debe perderse por la miopía académica; muy por el contrario, debe fortalecerse con una nueva visión curricular y pedagógica que ratifique el legado inmortal de aquel que casi sin recursos y en una época de oscurantismo educativo, pudo honrar a Panamá y a su democracia con esta fuente inagotable del saber.

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