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SOCIEDAD

El trabajo infantil y la educación: Eileen Ng Fábrega

Según la tercera Encuesta de Trabajo Infantil de la Contraloría General, publicada en abril de 2013, en Panamá hay 50 mil 410 personas entre 5 y 17 años que realizan actividades de generación de ingresos. De estos, el 39% no asiste a la escuela. Eso significa que hay 19 mil 673 niños y adolescentes que en este momento pierden la oportunidad de tener un futuro digno a través de la educación. Lo más seguro es que no fue por decisión propia, sino porque la situación económica de su familia les obligó a abandonar la escuela y realizar actividades que quizás ponen en riesgo su bienestar físico, mental o moral, incluso su vida.

Es importante recalcar que el trabajo infantil es justo eso, una actividad que perjudica al niño o al joven, porque lo priva de su potencial, dignidad, viola sus derechos y es perjudicial para su desarrollo físico y psicológico. Muchas veces, confundimos el trabajo infantil con actividades formativas, pero son dos cosas diferentes. Las actividades formativas permiten que el joven desarrolle habilidades y destrezas, complementan la escuela y fomentan la responsabilidad y el compromiso en un ambiente positivo.

En la encuesta Escuchando a la comunidad, que hacemos en todos los Global Shapers del hub de Panamá, junto a United Way y Unidos por la Educación dirigida a jóvenes de entre 14 y 24 años, la respuesta de la mayoría a la pregunta “¿Por qué dejarías de estudiar?” fue: “Para trabajar”. Al profundizar en el tema muchos comentaban que no era una decisión voluntaria, sino por necesidad. Los jóvenes reiteraban que algunos de sus compañeros habían abandonado los estudios para trabajar y apoyar a sus familias.

Definitivamente, es una situación complicada, sin embargo al truncar la educación se limitan las posibilidades del menor y crece la propensión de perpetuar su situación de riesgo social. La educación es una herramienta valiosa. Es importante que sea percibida así por la sociedad.

Quiero retomar un último punto. Por ese 39% que no va a la escuela, hay un 61% que sí estudia, son 30 mil 737 niños y adolescentes que diariamente se desgastan física y mentalmente del trabajo a la escuela y, a veces, nuevamente al trabajo. Debe ser agotador ser niño, comportarte como tal y hacer tus tareas, pero tener otras responsabilidades y, por ende, no poder jugar, correr, etc.

¿Qué hacer, miramos para otro lado y permitimos que crezcan con oportunidades a medias, mientras se perpetúa el ciclo de la pobreza, o enfrentamos la realidad y combatimos el trabajo infantil con educación? Necesitamos una sociedad consciente del riesgo que supone el trabajo infantil y de las acciones para combatirlo, que alce su voz y denuncie ante el Ministerio de Trabajo los casos que detecte. Además, necesitamos educación en las comunidades vulnerables, con alternativas para generar ingresos, pero más que nada, urge una educación escolar digna, en vez de trabajo infantil. Ese es su derecho y los debemos respetar, como seres humanos, y porque merecen la oportunidad.

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