FORTALECIMIENTO

La falta de institucionalidad y sus consecuencias: Alfonso Grimaldo Poschl

Nuestro país es un caleidoscopio de crisis políticas y sociales, cada día girando hacia nuevas configuraciones desastrosas para nuestro desarrollo. Es casi un deporte estar al tanto de los sucesos diarios y cuando bajamos la guardia, nos meten un gol. Debido a esto, es difícil poder ver a través del velo político y entender que existe una condición subyacente que genera a diario nuevos aprietos para Panamá: la falta de institucionalidad.

Es difícil entender el concepto de la falta de institucionalidad. No podemos ver directamente a las instituciones ni podemos medir adecuadamente su existencia y sus efectos. Por lo tanto, es mucho más complicado tomar cuenta de su ausencia y entender las consecuencias de su desaparición. Para entender este concepto mejor, propongo como definición de una institución un limitante al comportamiento humano que promueve la cooperación social. De esta forma, no solo la democracia y el matrimonio son instituciones, sino también la propiedad privada, el sistema judicial, las leyes, las reglas de tránsito y todas aquellas normas que restringen nuestras opciones a favor de la cooperación social.

Por ejemplo, vivir en un país donde cualquiera pudiera entrar a nuestro hogar a cualquier hora y tomar de allí cuanto le plazca, sería bastante difícil. Las preocupaciones iniciales de los seres humanos sobre estos temas llevaron al desarrollo accidental de la institución de la propiedad privada. Nadie inventó esta institución, sino que fue desarrollándose y expandiéndose al ser adoptada accidentalmente por grupos humanos. De esta forma vemos como una institución limita el comportamiento humano y promueve la cooperación social, ya que nos permite vivir de forma pacífica sin preocuparnos de que nuestro domicilio sea violado.

Cuando las instituciones son atacadas por el régimen legal y son ignoradas por nuestros gobernantes, estas se marchitan y mueren, lo cual debilita hasta resultar en las crisis políticas y sociales que vemos reportadas a diario. Por ejemplo, la presente problemática sobre minería y recursos hídricos proviene de un deterioro institucional del régimen de propiedad privada. En otro caso, la terrible epidemia de concentración de poderes es un reflejo de la pérdida de la institución de la separación del poder público.

Un gran problema que existe es que confundimos a las instituciones por sus signos externos. Un ejemplo de esto es la Contraloría de la República. Vemos el edificio, vemos al titular del puesto, vemos los papeles, los formularios, las declaraciones y concluimos que existe tal cosa como una institución llamada Contraloría. Pero su función no se percibe, por tanto, al fallecer, no tiene funeral. Queda un caparazón externo que nos engaña y nos convence de que la institución sigue viva, pero al ver el desempeño de la misma durante la última década nos damos cuenta de su continuo deterioro y eventual fallecimiento.

Debemos darnos cuenta, también, que las instituciones por sí solas no generan todos los beneficios que podrían generar dentro de un mayor marco institucional. Es decir, son herramientas y pueden ser desarrolladas para usos positivos como para usos contraproducentes. Tomemos el ejemplo de la democracia, una institución que promueve la cooperación social al otorgarnos una heurística o regla de selección donde podemos vivir pacíficamente con los resultados. Para obtener un mayor beneficio de ella, la democracia debe existir dentro de un marco institucional mayor. Por ejemplo, en el Reino Unido, el puesto de primer ministro es una institución en sí, porque viene rodeada de reglas de comportamiento y limitaciones al puesto que se han ido desarrollando durante cientos de años. Por ende, la democracia, en el Reino Unido, opera como una institución de selección pacífica para un administrador de otra institución mayor, en este caso, el puesto de primer ministro.

En Panamá, vemos lo contrario. La democracia, tristemente, no se utiliza para seleccionar a administradores temporales de una institución mayor, sino que opera para dar legitimidad a las actuaciones desmedidas de nuestros gobernantes. En el primer caso, es una herramienta de selección. En el segundo, es una carta blanca para justificar cualquier actuación. Es por esto que nuestros problemas políticos no se resolverán jamás mediante la selección de un candidato o de la adopción de una que otra ley, sino mediante la valoración y el fortalecimiento continuo de la institucionalidad en nuestro país.

Concluyo pensando que un mayor entendimiento de la institucionalidad y sus efectos por parte de la ciudadanía es necesario para nuestro desarrollo social. Cuando empecemos a apreciar a la importancia de las instituciones en sí y no a las figuras políticas que las rodean, habremos avanzado bastante en la consolidación de los ideales republicanos de nuestra nación.

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