REGULACIÓN DE PRECIOS

´De buenas intenciones está pavimentada la vía a la pobreza´: Pablo J. Gutiérrez F. III

Es interesante ver, a través de la historia humana, cómo políticas destinadas a ayudar a los pobres o a la población en general terminan destruyendo, en cierto modo, a las mismas personas que querían ayudar. Las políticas de regulación de precios son un claro ejemplo de esto. Si hacemos un ejercicio económico básico de oferta y demanda, podemos ver que cuando un gobierno regula los precios de un bien y los coloca por debajo de lo que el mercado naturalmente lo colocaría, la oferta del mismo bien baja drásticamente.

Hay dos razones claves del porqué ocurre esto. La primera es que los productores en el margen, aquellos cuyos costos de producción son más altos que el precio fijado por el Gobierno, cierren. Esto no solo disminuye la oferta de un producto, sino que también crea desempleo. Otra razón por la cual la oferta de un producto va a disminuir es porque el incentivo de un empresario, un panadero, carnicero, etc., es obtener una ganancia y que esta vaya aumentando. Tal y como lo dijo Adam Smith en La Riqueza de las Naciones, “No es la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero la que nos procura el alimento, sino la consideración de su propio interés. No invocamos sus sentimientos humanitarios sino su egoísmo; ni les hablamos de nuestras necesidades, sino de sus ventajas”. Los productores, al ver que sus ganancias disminuyen o desaparecen del todo, producirán algo que no esté regulado o se irán del país. Si se van del país esto causa efectos como el despido de los trabajadores, y que el Gobierno deje de obtener el impuesto sobre las ganancias de la compañía, entre otras. Todo esto es, como diría Frederic Bastiat, “lo que se ve y lo que no se ve”.

Muchas personas dirán, bueno eso es la teoría pero ¿tienes como demostrar que en efecto esto es lo que ocurre? Para mis queridos amigos de izquierda, les digo que los ejemplos sobran. Nos podemos remontar al pasado, hace 4 mil años, y ver en el Código de Hammurabi, creado en Babilonia, el artículo 268 que dice lo siguiente: “Sí un hombre ha alquilado un buey para la trilla, dará por el alquiler veinte ´QA´ de trigo”. Esto sin lugar a duda tuvo un impacto directo en la producción y distribución en la antigua Babilonia. Si se investiga la historia de Babilonia, se puede ver que en el reino de Hammurabi y en el de sus sucesores, hubo un gran deterioro en el comercio.

Otro ejemplo es el de Estados Unidos en 1946. La carne tenía un precio máximo y, por ende, había escasez. El presidente Truman consideró nacionalizar a los empacadores de carne de Chicago pero, para su sorpresa, ellos tampoco contaban con carne. Al ver esto, y darse cuenta de que enviar soldados a las granjas para tomárselas no era práctico, decidió eliminar el precio máximo de la carne. Luego de unos días, había carne de sobra. Los precios no se dispararon ad infinitum como se temía, solo aumentaron un 20% sobre el precio tope.

Un tercer ejemplo que es más reciente y más cercano a casa es de Venezuela. El presidente Hugo Chávez decidió regular los precios de muchos bienes básicos. Él hace esto para “proteger a los consumidores de las garras de los capitalistas y especuladores”. Sin embargo, no protegió a nadie. Cuando uno va al supermercado en Venezuela, los estantes están vacíos. Y no solo eso, a pocos metros de los supermercados, hay personas vendiendo los bienes a casi el doble del precio original. La razón de esto es sencilla, estas personas compran los bienes y como saben que hay poca oferta y una demanda enorme, pueden poner el precio que les plazca, ya que saben que alguien se los comprará.

Como pueden ver, no solo la regulación de precios perjudica a muchas personas, sino que crea un mercado negro. Este mercado negro no paga impuesto sobre la renta, no paga seguro social, no paga seguro educativo, entre otras cosas.

Es interesante escuchar a miembros de los partidos políticos pedir que se reabra la Oficina de Control de Precios. ¿Acaso esta gente no sabe de economía? Aunque puede ser que lo hagan para obtener votos, ya que es una propuesta que “vende”. Los dejo con una cita del genio económico y ganador del premio Nobel en Economía Milton Friedman, “Uno de los más grandes errores es juzgar a las políticas y programas por sus intenciones, en vez de hacerlo por sus resultados”.

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