COMERCIO INTERNACIONAL

Mientras actuemos como un país bananero nos irrespetarán: Adolfo Enrique Linares Franco

Mientras actuemos como un país bananero nos irrespetarán: Adolfo Enrique Linares Franco Mientras actuemos como un país bananero nos irrespetarán: Adolfo Enrique Linares Franco
Mientras actuemos como un país bananero nos irrespetarán: Adolfo Enrique Linares Franco

El pasado 22 de enero, Colombia presentó apelación contra la decisión favorable a Panamá del Grupo Especial de la Organización Mundial de Comercio (OMC), por supuestas aplicaciones equivocadas del “Entendimiento Relativo a las Normas y Procedimientos por los que se rige la Solución de Diferencias” y el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT).

Hasta aquí todo perfecto, pues Colombia está en el derecho de hacerlo. Lo grave, gravísimo diría yo, son los argumentos que se plantean en el recurso, pues califican la razón del arancel compuesto colombiano a las importaciones de textiles y calzados como una “... cruzada para atacar el contrabando y el comercio ilícito…”, pues lo que se pretende con dicho arancel es combatir “... el lavado de activos a través de operaciones de comercio subfacturadas... y, en particular, contra el uso de las importaciones de prendas de vestir a precios artificialmente bajos para lavar activos”. Y, por lo tanto, se requiere para proteger “la moral pública”.

Para culminar con su alegato concluye que: “... el comercio ilícito no está cubierto por las obligaciones del GATT”. De forma que Colombia sigue insistiendo en que no viola ningún acuerdo, sino que combate actividades criminales. En otras palabras, Colombia nos ha acusado formalmente ante la OMC de ser un país con una economía criminal, dedicada al contrabando y al lavado de dinero, así de sencillo. No se pueden tomar estas afirmaciones a la ligera, porque, además de ser temerariamente falsas y mal intencionadas, se han presentado por escrito en un documento formal ante un organismo como la OMC. Es un vil atentado contra el nombre de Panamá, con saña, alevosía y premeditación. Que nos tilden como un país de contrabandistas y lavadores es un insulto de por sí, pero que nos lo restriegue Colombia, cuyos gobiernos no han logrado controlar a los carteles del narcotráfico –mayores productores y exportadores de marihuana, cocaína y heroína del mundo– es un cinismo descarado, que exige una respuesta enérgica y contundente del Gobierno nacional, la que no puede limitarse a mansos comunicados que, al final, terminan en el escusado de nuestros calumniadores.

No podemos quedarnos como si nada ante semejantes acusaciones y difamaciones sin fundamento que no solo atentan contra nuestro sistema financiero, la Zona Libre de Colón, el régimen de empresas SEM, Panamá Pacífico y nuestro régimen tributario territorial, sino que también manchan nuestra dignidad nacional. Primero fue la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), luego la Unión Europea, luego Francia, ahora Colombia, y me pregunto: ¿Hasta cuándo? ¿Qué insulto adicional nos deben endilgar, como país, para que reaccionemos con la entereza que da la razón y el derecho internacional? Nos irrespetan, porque nosotros no nos damos a respetar, así de sencillo.

Lo de Colombia fue un ataque traicionero, un golpe muy bajo de un país que, supuestamente, es “hermano”, con el agravante de que no es la primera vez. Recordemos la inclusión de Panamá en la lista de “paraísos fiscales” para congraciarse con la OCDE. Pero venir ahora con semejante escrito, en momentos en que Panamá viene trabajando arduamente para salir de la lista del Grupo de Acción Financiera (GAFI) es una puñalada traicionera que refleja el verdadero sentimiento de saña que tiene el gobierno del presidente Juan Manuel Santos hacia Panamá.

En mi humilde criterio, esto amerita que la Cancillería de Panamá retire a nuestro embajador en Colombia y, por otro lado, se le pida a la embajadora de Colombia en Panamá que salga del país, para reducir así el nivel de relaciones diplomáticas a un encargado de la misión, hasta tanto Colombia no se retracte y nos pida una disculpa pública.

Por otro lado, ya es hora de que nos paremos de la mesa de negociación para la firma de un tratado que evite la doble imposición fiscal, pues no es de interés nacional para Panamá, mas sí para Colombia; así como declararlo concluido, de manera unilateral, porque es la única parte que se compromete, el Tratado de Montería (1979) que le concede a Colombia el tránsito por el Canal de Panamá de todos sus productos naturales e industriales, de sus correos “libres de todo gravamen o derecho”, igual que lo pueden hacer los nacionales colombianos que transiten por la ruta interoceánica panameña “libre de la imposición de peajes, impuestos o contribuciones”, así como sus tropas, sus naves y materiales de guerra sin pagar peaje alguno. Si no lo hacemos, nos seguirán humillando.

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