REFLEXIÓN

El Estado laico y la sociedad: Bryan Brennan

Panamá es un país que, desde su nacimiento, ha sido cuna de la biodiversidad humana, y en donde converge una cantidad impresionante de razas, culturas e ideologías. ¿Cómo podemos, entonces, renegar de nuestro destino siendo gobernados por la opinión de unos cuantos? Es parte del lema nacional “Pro Mundi Beneficio”, y esto debemos empezar a vivirlo como sociedad.

El corazón de un Estado laico recae en el hecho de que todos seamos tratados iguales ante la ley, sin que ninguna institución religiosa intervenga en las decisiones que nos competen a todos como ciudadanos.

Siendo un país con una riqueza tan grande de pensamiento, no podemos limitarnos a una postura moral o eclesiástica, más bien debemos ser partícipes de nuestro gobierno de manera justa e igualitaria, sin imposición de credos.

Debemos desarrollarnos como un país plural, en el que los derechos humanos y la paridad ante la ley de todas las personas sin importar su género, credo o preferencia sexual sea prioridad, en donde la voz de todos sea escuchada, no para acrecentar la segregación que existe, sino para unir a todos los sectores y crear juntos el Panamá que tanto anhelamos.

Nos han cercenado el derecho a elegir, nos han trazado un camino a seguir que no pavimentamos y es tiempo de que empecemos a cavar y cavar profundo transformando la mentalidad religiosa con la cual hemos sido educados y abrir paso a los lazos que nos unen como individuos.

Esta es la importancia de legarle a nuestros hijos un Estado laico, donde la tolerancia y el respeto a los derechos individuales sean prioridad ante la ley más que cualquier agenda personal y que por fin cumplamos el llamado a ser puente del mundo y corazón del universo.

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