COLONIZADORES

El legado de la parcialidad: Miguel A. Erroz G.

Para que la justicia rija en los estamentos gubernamentales, la autoridad debe ejercerse imparcialmente. Determinar la parcialidad o la imparcialidad con que se conduce un funcionario requiere de la consideración de varios factores, que incluyen rasgos de carácter como el egoísmo y los prejuicios personales; pero hay más por considerar.

Entre los factores más determinantes de la parcialidad de un funcionario, está el nivel en que su bienestar personal dependa del individuo al que afectara con sus decisiones. Un ejemplo de dependencia sería el caso de un funcionario que puede ser arbitrariamente destituido por un dirigente político. Bajo amenaza de perder su carrera, el funcionario podría ser coaccionado a complacerlo.

La colonización europea de gran parte del mundo proporciona un experimento natural como fuente de investigación sobre la dependencia. En el criterio del celebrado politólogo Daron Acemoglu, los colonizadores europeos estructuraron el poder dentro de sus gobiernos de la forma más lucrativa para ellos, sobre la base de las cualidades de las tierras que conquistaban. Donde el control sobre las poblaciones nativas les garantizaba altas ganancias económicas, el poder gubernamental se centralizaba a través de una jerarquía de dependencias. Por otro lado, cuando las poblaciones nativas eran relativamente pequeñas, el poder gubernamental era dividido en unidades autónomas.

En las colonias norteamericanas, en Australia y Nueva Zelanda, entre otras, los europeos eran los pobladores mayoritarios. Como consecuencia de la escasa población nativa y la inexistencia de oro o plata, estas colonias se establecieron como centros de comercio de materias primas, como tabaco, algodón, madera y pieles para consumo europeo. La necesidad de atraer colonos europeos que trabajaran la nueva tierra y comerciaran, motivó la estructuración de gobiernos que garantizaban los derechos de propiedad, justicia imparcial y la libertad religiosa de sus habitantes. Por ejemplo, en 1619 la primera colonia norteamericana, Jamestown, solo 12 años después de su fundación, ya gozaba de una cámara legislativa electa.

Los colonos de Plymouth, segunda colonia norteamericana, fundada en 1620, tenían un sistema representativo diseñado antes de arribar a tierra firme y pronto eligieron su primer gobernador. Los colonos de Massachusetts Bay, tercera colonia norteamericana, fundada en 1630, con casi mil colonos, ya antes de zarpar gozaban de una constitución democrática que designaba dos cámaras legislativas electas, y el gobernador y sus asistentes habían sido democráticamente electos. Cada aldea tenía su asamblea pública, y los juicios eran por jurado, lo que le restaba poder a los jueces, los cuales eran designados por la corona inglesa.

Conjuntamente, a los gobernadores se les limitó el poder de nombramiento de funcionarios tales como fiscales y alguaciles, otorgándoles a estos funcionarios un grado de despolitización e imparcialidad. Esto proporcionó la base para la igualdad bajo la ley y firmes derechos de propiedad para la comunidad; fuese el ciudadano particular o funcionario.

En África, India y América Latina, los colonizadores nuevamente reaccionaron a su entorno. En estas tierras, el interés económico favorecía una estructura política constituida para una población relativamente pequeña de europeos que debía gobernar en nombre y beneficio de la corona sobre la extensa población nativa y sus tesoros. Para servir a este fin, además de propagar la cultura europea, se impusieron gobiernos con estructuras basadas en la dependencia como instrumentos de control dentro y a través del gobierno. Casi todo funcionario era dependiente; podía ser nombrado, destituido y hasta juzgado arbitrariamente por orden del gobernador, representante de la corona. El resultado de estas prácticas fue un entorno altamente politizado que ataba el destino y los bienes de las personas (particulares y funcionarios) al clientelismo y al favoritismo de una élite. Esto sofocaba la competencia política y económica, y le otorgaba impunidad y riquezas a la oligarquía.

El legado colonial y las estructuras gubernamentales que se generaron son evidentes hoy en día. Postcolonia, los países y Estados con mayorías europeas continuaron y fortalecieron las estructuras de poder dentro del gobierno que les otorga autonomía a los funcionarios, lo cual favorece la toma de decisiones imparciales y crea pesos y contrapesos.

Similarmente, en el período postindependencia en América Latina, la oligarquía que asumió el poder mantuvo y desarrolló la estructura preexistente. Actualmente demasiados funcionarios siguen siendo dependientes de los políticos. Con este poder de coacción, el gobierno toma la forma de una red clientelista. Mediante el manejo arbitrario de los estamentos gubernamentales, los políticos y sus colaboradores son recompensados a expensas del bien común y la justicia.

La esencia del problema en América Latina no yace en protagonistas egoístas, que siempre existirán, yace en la estructura de poder dentro del gobierno, remanente de la época colonial, que le otorga a los que ejercen el poder, sea quien sea, las herramientas para coaccionar. Extirpado el actual entorno de dependencias, se habrá removido un gran impedimento a la imparcialidad. Un buen ejemplo de este sistema en nuestro país es la Autoridad del Canal de Panamá.

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