DECISIÓN SOBERANA

La libertad se impuso: Domingo M. González

“...La patria pide nuestro corazón porque es siempre leal; la gloria amaneció un día triunfal y nuestra fue la victoria, Panamá, Panamá, ya tiene tu libertad”, nos dice el memorable Himno de Acción Comunal escuchado de la hueste del panameñismo, una vez conocido el triunfo de Juan Carlos Varela como presidente electo de la República.

“Libertad o sometimiento” fue la disyuntiva planteada en mi anterior artículo (La Prensa, 3/4/2014) Y gracias a que la mayoritaria nación rechaza la vocación de servidumbre que imponen las dictaduras, autocracias, dinastías y/o señoríos del siglo XXI, se impuso finalmente la libertad, que solo es posible en democracia, y que ya se siente en el ambiente.

Las corruptas y desnacionalizadas inversiones originadas para un elector perfilado a pensar con los ojos, no prosperaron, y las pretensiones dinásticas del Ejecutivo fueron derrotadas por el soberano. La alegría pública que manifiesta la mayoritaria nación opositora, en el ocaso de la autocracia, expresa su vocación de emancipación a cualquier deseo de sumisión que promueva cualquier loco que se haga escoltar de vulgares testaferros.

No obstante, una vez más quedó demostrado que el dinero sigue comprando diputados, mas no presidentes. ¿La razón?... el “clientelismo” con fondos estatales. Secreto a voces confirmado por las tres delegaciones de observadores internacionales del proceso electoral panameño, OEA, International Republican Institute y Centro Carter.

Y es que la decadente autocracia, a sabiendas de que su oferta dinástica no iba prosperar, reclamando la vocación de servidumbre del transfuguismo alcanzado, aviesa como solapadamente, optó por asegurarles un espacio significativo en el legislativo con fondos públicos. Todos los observadores cuestionaron el uso de recursos del Estado, la inequidad en el acceso a los medios de comunicación, el tono negativo de la campaña y la ausencia e ineficacia de la Fiscalía Electoral. “Los candidatos del partido oficialista se beneficiaron durante la campaña con utilización de recursos públicos creando profundas asimetrías en la contienda electoral”, manifestaron los observadores de la OEA. Esto puede servir de prueba a las impugnaciones que hagan los candidatos afectados.

El silencio cómplice del fiscal electoral del régimen, ante la violación al Art. 392 del Código Electoral, a través de la populachería del gobernante, es suficiente para pedirle su renuncia.

Tienen el Ejecutivo y Legislativo próximos la trascendental misión de reinventar la política empezando con la eliminación de la imprudente costumbre del Ejecutivo de asignar fondos públicos a diputados para obras en circuitos electorales. El falso concepto esgrimido, de que el diputado “no puede darle la espalda a su electores”, además de ilegal es vergonzante. El diputado se debe al país y no al circuito.

Para elevar la dignidad popular sobre la populachería no basta con reformar el Código Electoral como recomendaron los observadores internacionales del proceso pasado. Se requiere de una revolución educativa orientada y guiada por una persona que haga cumplir lo dispuesto en la Constitución y Ley 47 Orgánica de Educación, respecto a la educación, partiendo del perfil que requerirá dicha persona.

No se trata de abordar a una persona en su puesto de trabajo y preguntarle si acepta ser o no ministro (a) de Educación. El tolerado desparpajo de aquellos(as), quienes sin poseer el perfil e idoneidad que exige la dirección educativa del país, osadamente aceptan el cargo para satisfacer su ego, debe cesar.

La propuesta de unidad nacional, del Presidente electo, debe incluir en el sector educativo el protagonismo de los educadores, empezando con la elaboración del antedicho perfil, que en humilde opinión, debe incluir vocación y protagonismo democrático probado, idoneidad docente, aptitud legal y administrativa, como entereza.

Quien decida el Ejecutivo que le corresponde dirigir y orientar la educación nacional, deberá contar con el consenso que las bases de los gremios docentes le den a sus dirigentes, en aras de transmitirlo al Ejecutivo. Este protagonismo docente, creo, puede contribuir al compartido y armonioso ejercicio de las partes, en las transformaciones educativas necesarias en el próximo quinquenio.

Educación, salud, alimentación, vivienda, transporte y seguridad es el clamor popular. Todos debemos de alguna manera comprometernos con la unidad nacional planteada por el Presidente electo. Educadores, médicos, ingenieros, arquitecto, transportistas y agentes de la fuerza pública deben atender el llamado. Estos últimos deberán contar en su jefatura, con un superior de carrera, con trayectoria democrática probada y sin antecedentes de violación de los derechos humanos.

La nación votó con esperanza y confiamos en que con el protagonismo de todos lograremos la patria anhelada, como decía José Ingenieros: “Patria es sincronismo de espíritu, homogeneidad en la aspiración por la grandeza y simultaneidad en la acción”.

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