EL MALCONTENTO

De cómo llenar el vacío político: Paco Gómez Nadal

De cómo llenar el vacío político: Paco Gómez Nadal De cómo llenar el vacío político: Paco Gómez Nadal
De cómo llenar el vacío político: Paco Gómez Nadal

Hace tiempo que Panamá ha olvidado lo que es la política. De hecho, hoy, muchos de los votantes del país jamás han ejercido su derecho eligiendo a un político. En la mayoría de ocasiones se vota a un empresario, a un manzanillo de un empresario, a un señor feudal, a un pequeño delincuente local, a un salvapatrias, a un iluminado religioso, a un distribuidor de jamones o a un tipo que pasaba por allá… pero no a un político. ¿Recuerdan? Un político, como la política misma, es aquel que aspira a ayudar a la organización de una sociedad con la lógica del bien común, un ser desinteresado en lo individual y que dedica su tiempo, sus capacidades y sus saberes a lo público. Reconozco que la definición puede parecer una broma a la luz de nuestra realidad, pero eso era, eso debería ser un político.

En el momento que vive Panamá, se echa de menos la política. En los debates, en los medios, en la calle, se está abriendo el proceso constituyente que el presidente de la República se niega a activar (a pesar de ser una promesa electoral). Un proceso constituyente se abre no cuando se instala una asamblea ad hoc, sino cuando una sociedad empieza a dudar de la legitimidad y la pertinencia de las reglas del juego institucionales, políticas, sociales, económicas y culturales con las que se vive. Siento que eso está pasando en Panamá. Un país único en muchos aspectos, con una sociedad plural y diversa, y con una potencialidad enorme ve cómo durante años el único baremo ha sido el crecimiento del PIB, mientras se negaba la realidad que muchos ya denunciaban: agrandamiento de la brecha de la desigualdad, un incesante poder acumulado por el narco y el crimen organizado, una juventud sin futuro amarrada a lo material, una política desgastada y sin credibilidad, una justicia incapaz y permeada por el poder político y económico, una elitización y un centralismo cultural que ha ido arrinconando lo propio a favor de lo externo, una violencia social creciente que antes era marginal…

El país ya ha abierto ese proceso que, en realidad, primero debe ser destituyente. Es decir, debe lograr visibilizar lo ilegítimo de muchos de los poderes dominantes y la necesidad de (re) pensar el país entre todas y todos. Destituir moralmente a la política actual es imprescindible. ¿Alguien se acuerda de la Asamblea Nacional?, ¿alguien sabe dónde carajo está Varela, además de en la fila de la OCDE pidiendo número para poder entrar?, ¿alguien sabe por qué en el país del despilfarro no hay plata para la ciencia o para la cultura?, ¿alguien puede explicar por qué debe ser otro país el que le ponga nombre a una organización criminal: Money Laundering Organization?, ¿alguien sabe dónde están los organismos de control?

La política en Panamá hace tiempo que renunció a hacer política y se dedica, en lo básico, a hacer un par de megaproyectos de infraestructura por administración para fingir que se hace algo y, mientras, apalancan sus negocios, roban lo que pueden y se defienden con artimañas “políticas” de los tímidos intentos judiciales de perseguir la maleantería.

Es hora de ese proceso constituyente y hay que saber que no van a ser Varela y su partido los que lo abran de forma oficial: nadie convoca una fiesta para su suicidio (“político”). Y es hora de que aparezcan nuevas fuerzas políticas que puedan canalizar formas diversas (y a veces contradictorias) de imaginar el país. Las que hay no sirven y eso lo sabe todo panameño (incluidos los votantes de los partidos tradicionales y del engendro político que es Cambio Democrático). La pregunta será entonces…¿de dónde pueden surgir?

El Frente Amplio por la Democracia ha demostrado su incapacidad para leer el momento político y su amor casi enfermizo por la política de principio del siglo XX. Descartado. Algunos de los movimientos que nunca han logrado ser partido tienen mimbres interesantes, pero la fuerza, la verdadera fuerza de un potencial partido constituyente está en el encuentro. La unidad, el lema vacío de la izquierda histórica, es una quimera. La confluencia política, sin embargo, es una posibilidad de construcción en la que, a pesar de las divergencias, se potencia el denominador común. Panamá tiene movimientos sociales diversos. Están agotados aún tras los nefastos años de Martinelli, pero del letargo se puede despertar. Movimientos sociales, movimientos políticos, colectivos… los que vienen del ecologismo, del sindicalismo, del feminismo o del activismo cultural… todos tienen la obligación de mirarse al espejo y renunciar a la (a veces cómoda) posición de marginalidad, de periferia. Si no arranca ya una marea ilusionante que mueva múltiples voluntades y sensibilidades, el país seguirá al servicio del interés individual y corporativo, en manos de la mediocridad intencionalmente buscada. No es tiempo ya de estas élites agotadas de tanto desposeer. Es tiempo de Panamá, de una Panamá que se parezca de verdad al país que duerme en el extrarradio del poder.

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