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EDUCACIÓN FORMAL Y TÉCNICA

Cada loro en su estaca: Juan Planells

La empresa panameña ha expresado en repetidas ocasiones su preocupación ante la falta de técnicos bien formados que ocupen las posiciones creadas como resultado del envidiable crecimiento económico del país. El Censo de Población y Vivienda registra que hay tres profesionales por cada técnico, cuando la relación debería ser a la inversa. Un proyecto como la ampliación del Canal de Panamá requiere una cantidad aproximada de 10 técnicos por cada profesional.

La situación obliga a contratar profesionales que ocupen las posiciones de técnicos en el proceso productivo, lo que provoca desperdicio de tiempo y dinero en la educación impartida, un reentrenamiento para ofrecer las habilidades técnicas a los profesionales en el trabajo, y un desmejoramiento en las aspiraciones salariales de los que, habiendo recibido una educación superior, son contratados para niveles que requieren menos formación.

El motivo de esta limitada oferta para atender la creciente demanda laboral en el área técnica reside en que su formación ha quedado atrapada entre una educación formal media técnica que no responde a las necesidades del puesto de trabajo actual, y la llamada educación no formal, impartida por institutos profesionales y técnicos a los que el sistema educativo concede poco valor, y no ha diseñado puentes que permitan el reconocimiento de créditos a los estudiantes, condenándolos a un callejón sin salida.

El mundo laboral de hoy requiere de un técnico que tenga una amplia formación en competencias básicas (lengua, matemática y ciencia), y una sólida formación en competencias genéricas llamadas blandas o no cognitivas (honestidad, responsabilidad, resiliencia, y otros valores para el trabajo). Sobre estas bases que debe impartir la educación media, corresponde profundizar en competencias específicas vinculadas a las diferentes vocaciones profesionales escogidas, responsabilidad que recae en institutos especializados de formación para el trabajo.

Las competencias básicas y genéricas tienen cada vez más importancia en el mundo productivo moderno, donde el conocimiento científico y humanista se amplía a un ritmo acelerado, y el cambio que ha sido la constante típica del mercado, que requiere de una amplia formación aplicable a diferentes actividades de ocupación. Hoy se considera que la educación básica que todo ciudadano y trabajador debe recibir corresponde al nivel medio de enseñanza. La llamada media técnica se basa en una concepción antigua del conocimiento que en épocas muy tempranas para el joven, señalaba un camino específico en su vocación, reemplazando la buena formación en las competencias básicas (matemática, ciencia y lengua) por una limitada a competencias específicas (aprender a soldar o a serruchar).

Por ello, no somos partidarios de seguir promoviendo esta alternativa que fue útil para el siglo pasado. En la educación de nivel medio formemos a hombres y mujeres con una sólida base de actitudes y aptitudes necesaria para convertirse en buenos ciudadanos y buenos trabajadores. Las pruebas Pisa aplicadas a jóvenes de 15 años demuestran que no lo estamos haciendo bien en nuestras escuelas. Sobre este fundamento, desarrollemos una formación técnica en institutos especialmente diseñados para este propósito, dentro de la educación no formal, vinculada al sistema, pero con suficiente autonomía para escapar de la típica burocracia y academia que domina el ambiente de Ministerio de Educación (Meduca).

Es por ello que el sector empresarial siempre ha apoyado a los institutos de formación técnica, en especial al Inadeh, donde sobre la base de una educación media se imparten programas de formación técnica, algunos de muy alto nivel que incluyen certificaciones de reconocimiento internacional. Tal ha sido el caso de técnicos formados para soldadura, operación de equipo pesado, informática y atención hotelera, entre otros, que han servido las necesidades de proyectos como la ampliación del Canal.

Para ello, gremios empresariales y sindicales participan en su junta directiva y mantienen una constante responsabilidad directa sobre su manejo, asegurando la pertinencia de la formación ofrecida. Desarrollar competencias laborales específicas es una tarea cuya responsabilidad debe descansar en instituciones de empresarios y trabajadores que conocen de primera mano las necesidades de cada sector.

Vemos con simpatía el esfuerzo que hace el Meduca con su programa de media técnica, y apoyamos el interés que demuestran en acercarla al sector productivo, pero tenemos que señalar que esta visión no corresponde a la realidad. Fortalezcamos la educación media en el Meduca y dejemos la profesional y técnica para instituciones como el Inadeh. Así lo establece la ley y lo señala la actividad productiva. Trabajemos en estrechar vínculos entre ambas instituciones, sin interferir en dos roles distintos que requieren cada uno de mayor acompañamiento y autonomía.

La eficiencia y la eficacia en la distribución de los recursos públicos para educar requiere de instituciones con diferentes roles bien definidos. Traslapar esfuerzos nunca ha sido una buena política cuando estos recursos son limitados. Apliquemos el sano principio popular que propone, “que cada loro ocupe su estaca”.

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