APRENDIZAJES

De lunas, memes y fútbol: Berna Calvit

Conceder a un nuevo gobierno los primeros 100 días como “luna de miel” es casi una tradición. Durante esos días pueden llegar dando mazazos para tirar abajo carteles de propiedad y reclamarla en nombre del pueblo, como hizo el expresidente Martinelli en Amador; o brocha en mano para pintar una escuela (dos brochazos para la foto), o subirse en una retroexcavadora como hizo Mireya Moscoso. No recuerdo si Martín Torrijos usó el impacto mediático inicial, pero sí que a dos semanas de asumir el poder le tocó una gran tragedia por inundaciones y el desastre de la barriada Prados del Este. Por las circunstancias extraordinarias que lo llevaron al poder, el risueño Guillermo Endara (q.e.p.d.) no dio mazazos; tampoco se sirvió de golpes mediáticos el comedido Ernesto Pérez Balladares. Según parece, la referencia a los 100 días de luna de miel nació cuando el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt, en medio de la Gran Depresión (1933), los fijó como meta para resolver la crisis económica. Se presume que el nuevo presidente tiene a su favor la opinión favorable que le ganó la elección; la luna de miel es período mayormente informativo y para “guitarra en mano” nombrar su equipo de trabajo; realizar las indispensables negociaciones políticas para controlar la oposición, etc. La luna de miel del presidente Varela está salpicada con momentos agrios; la contaminación del río La Villa la heredó del gobierno anterior, que la mantuvo tapada hasta cuando tenía ya las maletas hechas. Se cumple lo que vaticiné en escrito anterior: la teja le cae al sucesor, Varela. Hay tanto descontento sembrado por el gobierno Martinelli que las protestas, cierres de calles, etc., no cesan. El principal responsable de que en vez de agua sana y bienestar general tengamos asfalto, cemento, planillas y negocios turbios “para tirar para el aire”, salió en estampida para el Parlacen y luego a España “a ponerse en forma”. Agrava la ira ciudadana todo lo que ha salido a relucir sobre una corrupción que supera lo que imaginábamos; la gente se siente burlada al enterarse de que con los millones de dólares que supuestamente beneficiaron sus comunidades pasó lo de la cabra del cuento, de la que dijo el cuidador, “cogió para el monte y los cabritos se perdieron”.

La toma de posesión del presidente Varela, 1 de julio, estuvo a mitad de la temporada de la Copa Mundial de Fútbol (11 de junio-13 de julio); el fútbol ha atajado un poco las crisis que inevitablemente tendrá que enfrentar el nuevo gobierno, entre ellas el aumento de las tarifas de electricidad, “por una serie de errores en las políticas estatales...”. Para el gobierno Varela desmontar el perverso andamiaje que dejó Martinelli será tarea necesaria para empezar sin tanto tropiezo; entre ellas que se investiguen y castiguen los actos de corrupción. A lo mejor hasta sirve como disuasivo para los que ven el gobierno como botín.

Como muchos, me sumé al entusiasmo que despierta el único deporte que apasiona a los cinco continentes sin distingo de raza, credo, condición social, etc. Qué grato resulta ver musulmanes iraníes jugando con católicos italianos o ticos; un coreano contra un rubio holandés o un negro nigeriano; y hay empujones y rodillazos, juego de contacto rudo “por encima de todo”; de rivalidades ajenas a la crueldad de la guerra y la furia de las armas; es juego de cantos, banderas, lágrimas de tristeza y risas y abrazos de felicidad. Y de acusaciones de corrupción que ni así apagan el entusiasmo de la fanaticada. Fue durante el Mundial que me percaté de mi rezago en el lenguaje de los cibernautas; no conocía la palabra “meme” aunque los recibía a diario, chistosos, simpáticos o satíricos; durante la campaña electoral recibí decenas, y cuando se supo que el oficialismo había perdido, la chispa del humor y la sátira política hizo fiesta con los personajes del momento. Me interesó indagar el origen de la palabra “meme”; el término fue creado por el zoólogo keniano Richard Dawkins, autor del libro El gen egoísta (1976); es “el centro de una teoría de la evolución cultural, la memética, que es la combinación de las palabras memoria y mímesis (imitación)”. Salí del intrincado safari científico al que me llevó la investigación cuando encontré un artículo que explica el meme en términos entendibles para mí: “Los memes tienen un sentido social, es decir, son reproducidos en la medida en que llevan a un referente o conducen a que se comparta un significado concreto”, dice Gabriel Pérez Salazar, especialista en comunicación e innovaciones tecnológicas. Los memes a que me refiero difunden imagen y texto, generalmente humorístico; los del Mundial de Fútbol son geniales; que el papa Francisco es argentino y el expontífice Ratzinger alemán, nacionales de países que disputan la Copa, ha originado memes extraordinarios.

Un escrito sobre política y fútbol dice que “Los primeros minutos de un partido de fútbol rara vez determinan el resultado final del partido; son más bien minutos para plantear estrategias y conocer las del rival. La analogía futbolera es útil en este caso” (la política). Espero que el gobierno actual y el equipo de mi preferencia empiecen con buen pie y terminen ganadores. Sin memes amargos.

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