SOCIEDAD

¿Es mala la desigualdad?: John A. Bennett N.

Cada día los medios llevan más y más a la palestra el tema de la desigualdad, que se deriva en distintas vertientes. Como ejemplo y acicate de este escrito, me refiero al reportaje de la periodista Rosalía Simmons titulado “Empleos son copados por hombres” (La Prensa 1/5/2016), en el que los “expertos sugieren atender con prioridad el tema para generar igualdad”. En algún sentido “los expertos” tendrán su pedazo de la verdad, pero en otros no. Y es que el enredo viene por la división entre los liberales clásicos modernos, que a menudo representan el tema destacando las tensiones entre la libertad y la igualdad; lo que plantea la pregunta de si estamos hablando de igualdad voluntaria o impuesta.

Los sistemas totalitarios no tienen otra vía que la imposición de su ideario centralista, tal como lo vemos en Corea del Norte, Cuba y Venezuela; y solo los miopes no ven el derrotero de semejantes políticas, que la única igualdad que producen es una de pobreza. La creación nos bendijo con su mayor riqueza; esa que solo florece en albedrío. Imagínense la tremenda decisión del Creador de dar vida a seres imperfectos que, obviamente, abusarían de la fruta del bien y del mal. Pero, además imagínense lo valioso de dicho don, y que a pesar de todo el mal inherente en la libertad que nos fue concedida, valió la pena. Algunos dirán que no; yo creo que sí.

Pero la dicotomía que nos presenta la desigualdad solo se refiere, o es posible, si hablamos de igualdad política, que no es otra que igualdad de derechos naturales y legales. Y como política histórica de amplio entendimiento y aceptación, la igualdad de derechos apenas data desde la creación de Estados Unidos (EU), porque los sistemas de gobierno anteriores veían como algo “normal” que algunos ciudadanos tuvieran el “derecho” de gobernar a otros. Esto llevaba implícito el derecho sobre la propiedad y la libertad en pro de un bien superior. Los fundadores de “gringolandia” lo planearon de otra manera: que se trataba del derecho a la vida, libertad, y a la búsqueda de la felicidad, características de todo individuo. La limitante era respetar los derechos ajenos; más allá de lo que existía plena libertad de marcar el rumbo de su barca.

La filosofía política creada en la fundación de la nación estadounidense constituyó un hito de singularidad, que cambiaría la historia humana. Lástima que hoy día gran parte de la población de ese país ya no cree en eso, y es curioso que su economía vaya en descenso y, quizá, pronto en picada. Es que la política de libertad personal se centró en una gobernabilidad de derechos y no en una de torcida explotación en pro de “fines superiores”. La magia de todo ello fue liberar el poder creador del ciudadano; ese que de igual no tiene nada. Por desdicha, en ese extraordinario país dejaron la semilla de la iniquidad con lo de la esclavitud. Lo que es importantísimo entender es que las oportunidades de ser iguales, que es lo que le preocupa a los “expertos de Simmons”, solo existen en sistemas en los que no prosperan los privilegios. Es ahí en donde fallamos, porque somos una nación de privilegiados. Es imperativo el desmantelamiento del Estado interventor, ese que se especializa en la creación de ganadores y perdedores. Cada año surge un nuevo clic de ungidos, que deciden quiénes son ganadores y quiénes, perdedores. Y entre los vericuetos de todo esto están las políticas, como las del salario mínimo, en que el ganador es el trabajador calificado, en detrimento de las personas con discapacidad y los jóvenes.

Durante las épocas en que EU fue creciendo para llegar a ser la mayor potencia mundial, sus ciudadanos no perdían sueño por eso de la desigualdad humana, ya que lo consideraban natural. Hoy día eso está cambiando al punto que ahora ya quieren legislar (obligar) que los hombres puedan usar los retretes de las mujeres y viceversa. ¡Curiosa igualdad! Supongo que pronto la tecnología nos daráórganos genitales intercambiables y llegará la época de plena igualdad.

Pero, a fin de cuentas, lo realmente importante no es la desigualdad, sino la injusticia. Tal es el caso de tantos niños atascados en escuelas gubernamentales que los estafan. ¡Igualdad de estafa! ¿Acaso los subsidios son igualdad? ¿Son igualdad los cupos? ¿El salario mínimo?, etc.

No seamos ingenuos, la mejor igualdad de derechos solo será posible bajo un Estado limitado a las funciones de velar por la vida, honra y bienes de los asociados; más allá es territorio de “juega vivo”.

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