ECONOMÍA DE MERCADO

La maldad o la bondad de la especulación: Gina Latoni

En los últimos meses, he escuchado a los políticos de una de las campañas electorales referirse a su propuesta de control de precios y los efectos negativos de la “especulación” en el alza de estos.

Aunque nos aseguran que su propuesta se basa en una economía de mercado, nos hablan de un ataque frontal a la especulación. La especulación, según ellos, no debe ser parte de la normativa de la economía de mercado. Por lo que proponen eliminarla, a través del control de precios para, de ese modo, conseguir que el libre mercado se dé a través de la competencia real.

En base a lo anterior, se podría entender que el alza de precios que experimentamos y que es real, obedece, en gran parte, al secuestro de nuestra economía de mercado por la especulación, la que ha generado inflación e inestabilidad en el sistema y, por lo tanto, no tiene cabida en nuestro modelo económico. Especular es nocivo, por lo que el ataque debe ser frontal.

Los problemas de tipo semántico abundan en nuestro medio. No es inusual enfocarnos en una palabra y ponerle tantas connotaciones negativas que el solo hecho de escuchar sus primeras sílabas produce un efecto inmediato, que genera sentimientos de algo nocivo, dañino, perjudicial, adverso y hasta de maldad. Y una vez etiquetada la palabra, la bola comienza a correr y hasta los más letrados la miran con recelo.

Esto me lleva a la maldad o la bondad de la especulación. Yuxtaponer economía de mercado con ataque a la especulación, es lo que se conoce como un contrasentido. Especular es una actividad básica en la vida de cualquier ser humano. La acción de especular es algo innato al espíritu emprendedor y a la economía de mercado.

La inventiva del especulador ha sido siempre un gran motor de la economía capitalista y ha ido de la mano del mercado, este la permite y la incita. Tanto es así, que se ha dicho que es el corazón de la dinámica del modelo económico de mercado.

Vivimos en un país en donde la economía de mercado es el modelo económico establecido y me atrevo a asegurar que, aunque no perfecto, la mayoría de la población concordaría conmigo en que es el indicado. Pretender acabar con el problema del alza en el costo de vida de la población a través del control de precios es distorsionar la esencia de ese modelo de mercado.

Es sabido que mientras más competencia, mayores son los efectos positivos de la especulación, lo que se traduce a mayores beneficios para la sociedad, contribuyendo a la formación de precios eficientes. Si lo que añoramos en una economía en que la norma sea la regulación por parte de terceros, entonces, cambiemos el discurso a uno que hable de las bondades de una economía dirigida.

Invito a los candidatos a reflexionar sobre la semántica en cuestión y a considerar, realmente, los factores que pesan de forma negativa sobre la especulación y nuestra economía, tales como la no apertura de los mercados, los subsidios indiscriminados, el estatismo y los monopolios estatales, entre otros. Y, de ese modo, poder enfocarnos en las bondades de nuestro modelo económico, dejando a un lado la diatriba mal encauzada y equivocada del papel que juega la mal entendida especulación en nuestra economía de mercado.

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