REFLEXIÓN

El medioambiente, víctima del caos controlado desde el Estado: Harley J. Mitchell Morán

Las instituciones panameñas conmemoran hoy el Día de los Recursos Naturales. Coincide esta fecha con las cumbres de la Tierra celebradas con representación de la mayoría de los países del mundo. La más memorable fue la de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, en 1992, porque ambos aspectos de la realidad humana se conciliaron para alcanzar un “desarrollo sostenible”, más humano, que aumentase la base de los recursos naturales y, más importante, para que su desarrollo actual genere beneficios a las generaciones futuras.

A pesar de tal fuente de inspiración, el Estado panameño está inmerso en una crisis institucional ambiental de tales proporciones que hacen pensar, falsamente, que nunca se han hecho esfuerzos para manejar los diferentes componentes de la gestión ambiental en este país.

Así vemos el mismo espectáculo de siempre con la destrucción de los recursos naturales y el desmantelamiento progresivo de las bases ambientales del país, ante los ojos temerosos de un sinnúmero de funcionarios que contemplan lo que ocurre, pero se sienten impotentes (los que pueden hacer algo) para detener el grotesco escenario generado por la irreversible pérdida de la naturaleza y la criminal disminución de la calidad ambiental de los panameños.

Todo esto ocurre mientras los operarios de justicia ambiental en las estructuras gubernamentales se encuentran, desde hace cuatro años, en los primeros estadios de aprendizaje; apenas son capaces de hacer esbozos para comprender las complejas tareas que podrían emprender para utilizar el muy funcional arsenal de derecho ambiental en beneficio de los débiles, despojados de la naturaleza y de la calidad de vida, ante el egoísmo de los poderosos.

Este año es difícil hablar de la celebración del Día de los Recursos Naturales y el Ambiente, frente a lo que publican los medios de comunicación social todos los días. Los desmanes que las autoridades públicas podrían detener o aclararle a la ciudadanía permanecen impunes, en el limbo de la ignorancia o castigados abusivamente, sin un debido proceso legal, como parte del caos controlado en el que se ve sumergido nuestro país desde el poder.

Lo que sí tengo son palabras de alerta a las autoridades: el sector privado solo llega hasta donde el Gobierno le deja llegar, someterse ante la infracción de normas ambientales no es “cuidar su trabajo” es complicidad; a los empresarios: la gestión ambiental es parte de la economía, ignorarla despoja al país de un rubro cada vez más importante y a los técnicos y profesionales, de un medio de vida digna; y a la ciudadanía: la situación ambiental de hoy día no es normal, no es la evolución lógica de un país indolente ante estos asuntos, es una desviación provocada desde las alturas del poder y apadrinada por una sociedad confusa y resignada.

El Día de los Recursos Naturales y el Ambiente es un buen momento para resistir esta egoísta realidad que amenaza con destruir el entorno que, por derecho, pertenece a nuestros hijos.

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