TURISMO A LA PANAMEÑA

La mediocridad como forma de vida: Efraín Hallax

El contrato que, por $2 millones, suscribió la Autoridad de Turismo de Panamá (ATP) con No Limits Design Group para los servicios de diseño, configuración, fabricación, montaje y desmontaje de los stands de Panamá, en 27 ferias internacionales, incluyendo la famosa Feria de Turismo ITB de Berlín, Alemania, está rindiendo frutos.

Esa promoción está llamada a colocar a Panamá al nivel del primer mundo en materia de turismo y negocios. Y convertirlo en una fábrica de oportunidades como no se ha visto jamás en nuestra tierra, usando como base un negocio cuasi virgen, que antes apenas si se había explotado. Un negocio en el que Costa Rica es, sin duda alguna, el rey de la región y nosotros, al menos hasta ahora, solo unos aficionados. Costa Rica nos lleva, además, una gran ventaja: allá las autoridades recogen la basura.

Vale decir que estas ferias han sido un éxito en cuanto a generar negocios; el trabajo es impecable y el efecto medido en incremento de turismo y negocios ha sido positivo. Entre julio y octubre de 2013, la campaña “Panamá es posible”, coordinada por la ATP y Copa, generó $25 millones. Casi 40 mil turistas fueron atraídos por esta promoción. Los hoteles, contentos; los supermercados vendiendo; los taxistas haciendo de las suyas, pero felices, y todos ganando dinero y mostrando la cara de una señorita durante su debut en sociedad. Pero, lamentablemente, los panameños no podemos hacer algo perfecto. La cara de la mediocridad se asoma, para manchar con tintes de lodo este hermoso sueño.

Panamá es un país con solo 13 años de antigüedad en turismo. Somos unos niños en la región y, desgraciadamente, la mediocridad se ha introducido en este maravilloso arte del encantamiento de extranjeros. Y menciono la palabra encantamiento porque hay algo mágico en recibir a personas en el aeropuerto de Tocumen, y devolverlas a sus países con una sonrisa en sus labios. El objetivo del turismo, visto desde la grandeza de la nada, es construir algo general, algo nacional y perfecto. Los viajeros llegan a Tocumen, se les recibe amablemente –no con cara de supositorio, ni con gritos militares– para que hagan filas perfectas. Hacemos los trámites lo más eficientemente posible; tratamos de que no los asalten en el camino; se quedan en los hoteles de la capital, como si de un gigantesco pulpo se tratase, y luego se deslizan por sus tentáculos al interior. De aquí viene la prosperidad de una nación. El turismo demanda buses, transporte, limpieza, dar los “buenos días”, las “buenas tardes”, señalización y –vuelvo a repetir y a gritar– recoger la basura, que es “la madre de la mediocridad en turismo”.

Panamá está asquerosa, no tanto en la capital como en el resto del país, ¡aunque usted no lo crea! En todos los puntos turísticos, la basura es lo más impactante. No es la belleza de los delfines en Bocas del Toro, ni las aguas cristalinas de Portobelo, la Guaira, Isla Grande, costa arriba, Camino de Cruces, Darién y un grandísimo etcétera. Lo que impacta son los basureros en ambientes espectaculares. Esta inquietud la recoge muy bien el presidente de la Asociación Panameña de Hoteles, cuando expresa: “No basta con que seas bueno, sino cómo te vean los demás” (Panamá es la vía multipropósito, Martes Financiero, 11/02/2014).

Dos franceses, con la baba afuera, mientras se tomaban una deliciosa piña colada con maracuyá en mi pequeño hotelito, miraban, casi sin creerlo, la belleza que los rodeaba. Sin embargo, su inevitable comentario fue cruel, pero realista: “Demasiada basura alrededor del paraíso”, me dijeron.

La mediocridad de la ATP no está en lo que hace bien, sino en que eso no le servirá de nada, si no entiende que cada turista que regresa a su país se acordará más de lo cochina y sucia que está Panamá. Es seguro que promover el turismo es un buen negocio, pero debemos estar preparados para recibir a los visitantes. La basura llegó a límites de emergencia –por mencionar un lugar– desde Sabanitas hasta la Guaira, en la costa Atlántica.

Hay áreas turísticas en las que la ATP, sencillamente, no tiene el menor interés. Esto es una lástima, porque cada hotelito que abre sus puertas, estimula el desarrollo a su alrededor. Pero esto no se puede lograr, si no se recoge la basura.

Panamá es mucho más que las grandes cadenas de hoteles y su aerolínea bandera; es la imagen que se llevan los cientos de miles de extranjeros que piensan que estaremos mejor, cuando digamos “buenos días”, tengamos un sistema de transporte que llegue a cualquier lado, y aprendamos a convivir con la limpieza.

“Este es un paraíso rodeado de basura”, reiteró uno de mis interlocutores al despedirse para regresar a su país.

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