PARTIDAS

Es mejor comprar sillas de oro: Erick Candanedo

Hay que recordar que el Gobierno actual está compuesto, en su mayoría, por empresarios, para quienes debió haber sido un trago muy amargo la asignación de todos esos millones de dólares en partidas circuitales. El espíritu empresarial les dice que esos dineros los hubiesen podido utilizar en los cientos de proyectos que están en curso o en los que no se han hecho por falta de fondos.

Lo más probable es que para ellos este sea un experimento clientelista absurdo, que se ha llevado a cabo por recomendación de consejeros políticos, sin idea de lo que cuesta arriesgar dinero propio, pues no lo trabajan solo lo reciben de las diferentes fuentes de poder.

Los diputados están en una encrucijada, pues los empresarios saben evaluar los indicadores y el retorno sobre inversión, que en estos momentos va de mal en peor, debido a la forma en que los políticos y los partidos beneficiados con las partidas pierden popularidad, efecto este contrario a las expectativas proselitistas.

Me imagino que, en su momento, la necesidad de recibir esos fondos fue la justificación que dieron a su falta de popularidad y la pérdida de inscripciones, pero ahora –con menos popularidad y una fuga potencial mayor de adherentes– auguramos que recibirán menos asignaciones presupuestarias.

Eliminar las partidas circuitales haría más popular al Gobierno y mejoraría la capacidad de ejecutar proyectos, al tener más liquidez de fondos estatales, lo que hace sencilla la decisión gubernamental o empresarial. Lo difícil es hacer “marcar” a todos esos políticos impopulares, porque no hay forma de que la opinión pública los digiera. Es una situación difícil para ellos, cuando afrontan la realidad de que “ni el más clientelista de los electores los quiere”, aún cuando se aparezcan con un camión lleno de víveres y dádivas.

Esto nos lleva a otro tema de la “multimillonaria campaña política del 2014”. Si estos señores no marcan ni regalando de todo, ¿quién aportará un solo dólar a una campaña perdida? Con el fracaso de la inversión en las partidas circuitales, se necesita heroísmo filantrópico para botar todo ese dinero o un buen cardiólogo para que los contribuyentes de campaña no mueran en la faena electoral, al ver cómo se van los millones por el abismo. El dinero se asusta, muchos políticos pueden dar fe de esto, pues es conocida la frase de campaña “se quedaron sin gasolina”; con este fracaso, los actuales diputados ya empezaron a quedarse sin combustible.

Desde el punto de vista de la administración pública o empresarial, hubiese sido mejor comprar una silla de oro para cada diputado, las que hubiesen pasado a ser activos de la nación y se reflejarían en las finanzas del Estado como bonanza, mejorando la capacidad de endeudamiento del país y brindándole mejores alternativas al Gobierno para solicitar el financiamiento de proyectos.

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