MEMORIA HISTÓRICA

Una mirada retrospectiva: Andrés L. Guillén

Contrario a lo que piensan muchos panameños (que la consideran inservible y redundante), la memoria histórica nacional y los recuerdos de un pueblo olvidadizo como el nuestro están, paradójicamente, cargados de futuro y tienen una importancia vital para nuestro país.

En esencia, el humano es lo que retiene de sus recuerdos y es el trampolín de su pasado. Sus actos así lo demuestran, a tal punto que el olvido llega a ser una deformación de dicho pasado y de su propia humanidad. De hecho, el futuro no existe sin pasado, pues es una condición tan necesaria para un país y sus ciudadanos como el aire que estos respiran a diario para vivir.

Siendo así, nuestra memoria histórica nacional –la que compartimos como panameños– es una facultad maravillosa, con capacidad no solo para hacer conciencia ciudadana, sino también para fortalecer la fidelidad de quienes somos. Esta aptitud abarca ámbitos tanto psicológicos como filosóficos, tan importantes y relacionados entre sí como son nuestro pasado emocional, mental y espiritual.

Por eso la imbricación de estas memorias psicológicas y filosóficas, que relaciona el pasado con el presente, nos proveen de un razonamiento intuitivo compartido que, en sí, nos da una idea más clara de nuestra nacionalidad, siempre en constante evolución. Igual de los valores comunes y hasta de los malos hábitos, todos desgastados por el tiempo y las circunstancias materiales que los afectan. Ahora que el nuevo milenio cumple sus 15 años y que el país busca mejorar su institucionalidad, vale la pena echar una mirada retrospectiva al Panamá colonial, departamental y republicano, no tanto para formular un juicio válido ni para denigrar ni reivindicar sus orígenes, sino para analizarnos mejor como panameños.

La panameñidad y el concepto de la nacionalidad se centran en la condición humana, porque son los ciudadanos de carne y hueso, con sus flaquezas y grandezas, los que la determinan con sus recuerdos y vivencias. Estos incluyen factores como marco geográfico, configuración etnológica, amalgama cultural, condiciones económicas, estructura política y social, fuerzas históricas y la confluencia de las distintas nacionalidades en el istmo a lo largo de los últimos 500 años.

Ese examen etiológico, como proceso de consolidación de la memoria histórica nacional, nos marca con el sello de panameños. Pero, desafortunadamente, las autoridades y los ciudadanos despreciamos el estudio de la historia patria (a nivel básico, secundario y universitario), al extremo de que no hay una Facultad de Historia en Panamá, solo un departamento dentro de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Panamá, con un escueto plan de estudios.

Lo triste es que de esa valoración sana de nuestro pasado surge la tarea de forjar una consciencia ciudadana cónsona con valores e ideales comunes que hagan de Panamá un país más bello y significativo. Será el trabajo de las generaciones futuras actualizar estos valores, viviéndolos en la plenitud de su significación histórica.

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