SOCIEDAD

El mundo ya cambió, ¿y nosotros?: John A. Bennett N.

Nuestros hijos y nietos enfrentan un mercado empresarial y laboral completamente evolutivo, que va cerrando posibilidades a unos y abriéndolas a otros. Un ejemplo que muy bien lo ilustra lo cuentan unas empresarias que tienen una fábrica de metalurgia en Estados Unidos y que emplea a 55 personas. Antes la empresa funcionaba muy bien, con graduados de secundaria que habían aprendido a soldar en la escuela o que se les podía adiestrar en el trabajo; pero los tiempos cambiaron y ahora los trabajos típicos de la empresa requieren soldaduras muy variadas y de alto rendimiento, para lo que se requieren conocimientos avanzados de matemáticas. Esta realidad abre posibilidades a jóvenes con educación avanzada y de buena calidad, mientras va cerrando la de otros que no tienen la preparación necesaria. ¿Será excepción o es un cambio permanente?

La respuesta a la pregunta anterior está en las cifras de desempleo de jóvenes alrededor del mundo: En Grecia es de 58%; España, 55%; Portugal, 36%; Francia más del 25%; en EU, 17.1%, y así. Ya los trabajos de volumen y menor tecnología se han mudado a otros sitios, como China, mientras que en Estados Unidos y Alemania se van por los más especializados de alta tecnología. Pero incluso en China las fábricas se están robotizando.

Esta realidad, junto con muchas otras, nos ubica en lo que algunos llaman “el ojo de la tormenta perfecta”; es aquella en la que vemos coincidir extraordinarios cambios tecnológicos en medio de una recesión mundial. Así, los más timoratos se van quedando fuera de la jugada. Más allá y frente a todo, vemos la incertidumbre de economías en desarraigo que solo volverán a estabilizarse cuando se dé una total depuración de todo aquello que ya no funciona en ese mundo del mañana que es hoy.

El fenómeno del cambio industrial no es nada nuevo, si consideramos que a principios del siglo XX casi el 80% de la fuerza laboral estaba en la agricultura; mientras que hoy en Estados Unidos en esta actividad solo trabaja el 2%. A pesar de ello, la productividad del agro en ese país ha aumentado 16 veces. Siempre estarán los que se oponen al cambio, pero hoy no podemos alimentar a la población con la tecnología de hace 100 años, y lo mismo va con todo lo demás. Un ejemplo lo tenemos en nuevas tecnologías médicas que ya están en etapa de prueba y dejarán en obsolescencia a gran parte de la medicina que hoy se practica. ¿Qué será de los pobres médicos? ¿Estaremos en regresión o en renacimiento? Es obvio que estamos frente a un futuro de ciencia ficción que abre parajes insospechados a nuestros hijos y quizás a nosotros mismos. Los problemas que enfrentamos no son tecnológicos, sino sociales y de valores, los de una sociedad que no asimila lo que les viene como avalancha, mientras otras siguen sumergidas en la edad de las cavernas.

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