CONTRASTES

De mundos varios: Berna Calvit

En ciertas ocasiones me he preguntado si podría ajustarme a la vida en un país de los llamados de “primer mundo”, adaptada como estoy al mío, que no sé si llamar de segundo o de tercer mundo, o como se dice ahora, en vías de desarrollo.

Hace un par de días volví sobre lo mismo mientras miraba los venados que “como Pedro por su casa” se comían las peras y las manzanas de los árboles del patio trasero de la casa que no está en una lejana montaña, como pudieran pensar, sino en un barrio cercano a la ciudad. Rodeada por inmensos árboles que solo la naturaleza se atreve a derribar, pensaba en el fallido intento de un devastadorproyecto en el cerro Ancón y ahora, en área cercana, un arboricidio para construir estacionamientos para la Corte Suprema de Justicia.

Ante tanta insensatez me pregunto cómo sería vivir con reglas estrictas de convivencia ciudadana, respeto por la naturaleza y conducta política que por incumplimiento acarrearían sanciones casi imposibles de evadir. ¿Cómo sería una vida sin frecuentes escándalos de corrupción; con políticos inteligentes, cultos, comedidos y honestos que dignifiquen sus cargos y el nombre del país; y gobernantes que tengan claro que la educación no debe ser considerada un negocio sino el camino para la formación intelectual y humanística de sus ciudadanos, no solo para “mano de obra calificada”?

Algo se torció en este concepto y permitió lo que recientemente se hizo de conocimiento público: la existencia de casi un centenar de universidades, algunas completamente “brujas”, otras con deficiencias graves. Sin los estándares mínimos para calificar como centro de enseñanza superior se les concedían licencias comerciales para operar sin pasar previamente por el tamiz del Ministerio de Educación; poco a poco la importancia de la educación fue desplazada por “el crecimiento económico”, lo que explica estos hechos, que más que al tercero, pertenecen al cuarto o quinto mundo.

Es inaudito que durante años (antes del gobierno actual) fuera el Ministerio de Comercio e Industrias el que concedía los permisos de operación a “universidades”, que se tramitaban igual que permisos para tiendas de telas o abarroterías. Este procedimiento rompió las barreras de mi entendimiento. ¡Así se manejaba la educación superior en Panamá! Es meritorio que se haya procedido a aplicar la Ley No. 30 de julio de 2006 que “Crea el Sistema Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria de Panamá (Coneaupa); por este logro, gustosa le concedo un “poroto” grande al Ministerio de Educación y a la ministra Molinar.

Por otra parte, que hayan pasado seis años dándole largas a un asunto de importancia mayúscula, es inaceptable. No me fue posible averiguar desde cuándo empezó la educación superior a ser manejada con la negligencia y la corrupción que se encuentra tanto en el Gobierno como en la empresa privada. En la escala mundial que califica el aspecto educación Panamá lleva muchos años con malas notas, lo que se puede explicar, además del mal manejo de la educación superior, con la escasa importancia que a los gobiernos le merece lo referente a educación y cultura. Si se dejara de cacarear tanto nuestro crecimiento económico y se le diera más importancia a subsanar las deficiencias educativas no tendríamos que pasar la vergüenza de estar siempre fracasados en la materia educación.

En aquel silencio, roto a veces por los trinos de las aves o el distante motor de un automóvil, cavilaba sobre cómo nos hemos acostumbrado a tomar las cosas a la ligera, a “no meterle cráneo” a situaciones que no deberíamos pasar por alto (como lo de las universidades brujas), condicionados para que pensemos que “así ha sido siempre”, “de nada sirve protestar”; y para que acogotados nos consuele que, después de todo, podríamos estar peor. En “tutifrutescas” reflexiones repasaba los nuevos personajes de la quinquenal farsa política; a los “cantalantes” de este período, Salo Shamah (que es como la pomada china que sirve para todo), Camacho y las señoras Alma Cortés y Giselle Burillo, que alguien llamó “batalloneras en democracia”, de quienes me sorprendería oír algo que no fuera puro sobijo cariñoso a las acciones del Ejecutivo.

Traté sin resultado imaginar que Santos, el presidente colombiano, habiéndole tomado afecto al Palacio de Nariño, encargara de abrirle paso a su reelección a alguien como el actual presidente de la Asamblea Nacional, Sergio Gálvez a quien, tal como lo predije, le duró poco la compostura y prontito volvió a convertirse en el Chello de siempre. Confiando en que “lo pasado, pisado”, (Juan Hombrón, Finmeccanica, Mi primer empleo, etc.) aparecen negocios gordos y turbios en el aeropuerto de Tocumen.

Por último, por si la desconoce el Ministerio de Educación, esta noticia de quinto mundo (La Prensa 13/7/2012): el patio del Centro de Educación Básica General Juan Demóstenes Arosemena en Pocrí se alquila por $300 dólares mensuales para un parque de diversiones; ese dinero llega al comité de la banda de música para abonar a los $1,300 dólares que se paga al instructor de la banda, que no sufraga el Fondo de Equidad y Calidad de la Educación. ¿Cuánto gana un maestro, tiene la escuela de Pocrí una biblioteca aceptable? Concluyo que, pese a todo, siempre volveré a Panamá sin que importe a cuál de los mundos pertenece.

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