PERSPECTIVA

La clase que se necesita: Julián Alfonso Clarós Morris

Hace unos días, en un supermercado, me encontré a uno de los candidatos presidenciales. Él venía de participar de una actividad política y, como ya había terminado, las cámaras no estaban a su alrededor. Fue el momento oportuno para acercarme y conversar un poco, para preguntarle un par de cosas.

Debo confesar que fui directo y le dije que me incomodaba el nivel de incertidumbre en el que está sumida la sociedad electora, especialmente, por el exceso de propaganda política que, en gran medida, fomenta el desprestigio de los contrarios. Una propaganda hollywoodense en la que abundan las promesas enlatadas (lo que la gente quiere oír) y se esfuman las líneas ideológicas. Luego de este encuentro me quedaron más preguntas... ¿Hay, realmente, opciones para la república entre estos candidatos? ¿Existe una sociedad que tenga la certeza del líder que requiere para que ocupe el Palacio de las Garzas?

La propaganda habla de resultados de encuestas de popularidad, en vez de mostrar proyecciones, planes y estrategias. ¿Hemos tenido, acaso, algún debate presidencial de altura?

No necesitamos que continúe la irreverencia hacia la planificación. Ni puede, el candidato de ningún partido, seguir las líneas dictadas, inducidas o fomentadas por el actual gobernante, porque la situación histórica y coyuntural no lo permite. No hemos vivido en la época de las vacas gordas, sino en la de los globos soplados hasta el límite. ¿Conocen los candidatos la responsabilidad a la que están llamados? ¿Le han revelado al pueblo, con franqueza, lo ancho, lo profundo y lo pesado de la deuda que debe encarar el país tras cinco años de fuegos artificiales?

Por otro lado, valdría la pena cuestionarse quién está tras el poder. Con sinceridad, ¿podría alguno de ellos encarar al pueblo y mencionarle ese término que se esconde en las laderas del horizonte económico, “austeridad”? ¿Son conscientes los partidos políticos de la situación a la que han orillado al país con su desmesurado ego progresista?

En otra época se escuchaba mucho acerca de la lucha de clases. Hubo intelectuales, libros, propuestas que se preocuparon por este asunto. Pero, ¿cómo hablar de una perspectiva de clase cuando la visión democrática mutó de la necesidad real a una supuesta satisfacción por metas cumplidas?

Creo que es hora de fomentar una perspectiva de clase. Sí, la clase que ve más allá que las simples apariencias. La clase que se cuestiona cuáles planes tienen nuestros candidatos para conservar el crecimiento económico y hacerlo llegar, de una vez por todas, a las manos de los que solo lo conocieron de oídas. La clase que necesita saber cómo enfrentarían los presidenciables la incierta situación económica futura. La clase de ciudadanos que no votaremos por los resultados de las encuestas. La clase de panameños que estamos atentos a la realidad política y socio-económica y no la confundimos con la aparente prosperidad que se vende en los medios masivos.

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