DECENCIA POLÍTICA

Se necesitan más Endaras que cabalguen: Damián Barceló

Rebuscando en los anaqueles de mi librería –posiblemente movido por la escandalera que brota estos días en la política nacional panameña– he encontrado una fotografía de Guillermo Endara.

Dicen que a la ocasión la pintan calva y, por ello, me atrevo a publicar el texto de una carta que escribí a Guillermo Endara el día 13 de mayo de 2004. Hace siete años. Alguna otra correspondencia mantuve con él. Otras fotografías deben andar encorsetadas en el archivo donde tantos sueños y realidades reposan venturas y desventuras.

En 1979 publiqué Desde las Españas de América, Cartas a Antonio. Su texto sobrepasa las 400 páginas. Relato en género epistolar mis tres primeros viajes a América. Estuve en Panamá desde del día 28 al 30 de septiembre de 1978 –he vuelto más de 50 veces en los últimos 13 años–. Ningún Presidente de República en la que el español es su lengua dejó de recibirlo. Ninguno dejó de acusar el envío, pero solamente Endara lo comentó por escrito con galanura y buen estilo. Nunca usó de un “negro” que escribiese por él o le redactase discursos. La cultura, así, en letra mayúscula, fue parte del alma de su cuerpo.

A continuación sigue en cursiva el correo que le envié el 13 de mayo de 2004.

Muy admirado amigo:

No me atrevería a decir, visto el resultado de las elecciones, que usted las ha perdido, puesto que no es lo mismo perder que no haber ganado. Perder es cuando queda vencido. Pero cuando se sale segundo partido del país con una considerable bancada que va a ser necesaria para muchas cosas sobre todo para ayudar a poner orden en el gallinero nacional mediante una oposición basada en esa mezcla de Quijote y Sancho, eso no es perder cuando se arranca sin nada y con poco tiempo por delante. Que esa bancada haya surgido desde prácticamente cero arropada exclusivamente por la añoranza de sentido común y de paz y honradez, representa un trampolín formidable para salir a ganar las próximas.

Confío que usted lo piense así, porque, razonablemente, es lo mismo que sucedió en España el mes de abril: Para repetir victoria el PRD tendrá que domar muchos apetitos que caracolean ya entre sus afiliados a la espera de nombramientos acechando provecho pero no servicio.

Usted ha hecho un esfuerzo gigantesco y yo, observador tan curioso como imparcial, no creía que José Miguel saliera tan derrotado. Creía que usted sería el segundo y Martín el primero por poca diferencia. Mis conversaciones con mucha gente me hacían prever el resultado, sobre todo en la provincia de Colón.

Si usted se lo propone, volverá al Palacio de las Garzas.

No tire por la borda la ocasión que le brinda su propio éxito. Su moderación personal. Su hábito de hablar claro. Su cultura. Su experiencia de Gobierno. Son factores que le auparán a la máxima autoridad del país si usted pone las luces y el empeño necesario para conseguirlo desde la bancada opositora.

No se esconda en su concha porque usted es varón de bandera y luchador de prestigio revestido de humildad demostrada, no por probar.

Llegaré a Panamá el próximo domingo. Ese mismo día dormiré en el hotel Meliá Panamá Canal y espero el honor de que nos encontremos en un almuerzo en nuestro hotel con las personas que desee que le acompañen. Sobre todo, su hija que ya conocí.

Me acuerdo de los trazos de sus tarjetas de visita silueteando las figuras de Don Quijote y de su escudero Sancho y de su razonamiento frente a quienes hicieron motivo de burla por mor de ignorancias inexcusables. Les propinó un buen varapalo.

Siga usted en la brecha, admirado Presidente, para que crezca a su alrededor una juventud a la que usted podrá preparar desde su experiencia de servicio. Haga escuela de humildad, de moderación, de ciudadanía, de modestia. Derribe amiguismos. Sin hombres como usted yo no habría amanecido para estar años en Panamá. No sé aún si saldré escaldado o no, pero ya he sufrido impertinencias y engaños y prepotencias y soberbias que en ningún caso han sido buenas para Panamá.

La colaboración suya desde la oposición será sin duda provechosa para su patria, deseando, como deseo, que Martín Torrijos sea un buen gobernante. Mimbres tiene para ello, veremos cómo arma su gobierno para que no se le abran agujeros en el casco del barco.

Mis mejores saludos para los suyos y un abrazo para usted de su amigo, Damián Barceló.

Mi admiración por Guillermo Endara, más que el cargo de Presidente, la provoca la hombría que emanaba de su persona. Su cultura le vedó siempre el uso de palabras impropias de quien conoce el nombre de cada cosa.

No usó adjetivos arrabaleros y su cargo fue exponente de amor y de llaneza sin desvestirse de la dignidad propia.

Más de mil días de mi vida he amanecido en Panamá admirando la soberbia belleza de su destino canalero como remedio del mundo a una globalidad que tuvo que ser rota por el canal para que dos hemisferios surgieran de una sola América. Otros mil he caminado las repúblicas nacidas de la colonización primero y de la independencia después.

Seis veces más de cruzar el Atlántico y lo habré atravesado en 500 ocasiones viajando en más de 3 mil aviones para llegar a la conclusión de que las Américas hispanas necesitan Endaras que cabalguen –ni vendidos, ni torticeros, ni ambiciosos– los corceles de la paz y no los del Apocalipsis.

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