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PROTESTAS

Los ngäbes ponen el dedo en la llaga: Jorge Gamboa Arosemena

A pesar de que alguna parte de la ciudadanía manifiesta molestias por los tranques que ha generado el movimiento indígena, para un observador sensato la conclusión es que padecemos un gobierno con una agenda que pasa por hacer lo que quiere.

Que una parte de la ciudadanía vea a quienes protestan como la causa principal del problema denota poco análisis de su parte, superficialidad que raya en la ignorancia o en discriminación racista. A los que censuran, por ignorancia, a los indígenas les sugiero que lean el artículo de Carlos Guevara Mann (La Prensa 29/2/2012), para que se ilustren y abran entendederas de por qué los indígenas tienen esa forma de comportarse como pueblo, y a los que discriminan les recomiendo que revisen sus raíces, porque en Panamá, con raras excepciones, el que no tiene de “minga tiene de mandinga”, como decían las abuelas.

Volviendo al tema, digo que ponen el dedo en la llaga, porque si bien la acción gubernamental tiene, supuestamente, el objetivo de usar la minería y las hidroeléctricas para desarrollar el país, también, tiene el objetivo encubierto y bien planificado del grupo que hoy mangonea la cosa pública, que es de índole económica. Esa es la agenda que cada día puede ocultar menos el equipo de Ricardo Martinelli, y que no le importa pasar sobre vida, honra y bienes de los asociados.

Tácticamente, el Gobierno permite y hasta aupa las protestas, dando razones para ellas, para que su objetivo encubierto, usar a Panamá para multiplicar sus fortunas, se logre. Han resultado los mejores emuladores del PRD cuando gobierna. Estos prendían ranchos para que la ciudadanía se distrajera y ellos hacer de las suyas en cuanto propiciarse la oportunidad de hacer sus negociados.

Los míos, los panameñistas, con menos malicia y, tal vez, hasta menos gula, se conformaban con negocitos, pero estos están desbocados en la danza de millones, engañando con propaganda infame a sectores de la ciudadanía y sumando a otros a la rebusca descarada.

Hoy se abre una supuesta oportunidad de ir hacia una constituyente, lo que es bueno, porque Panamá ya no resiste más la ilusa opción de que un gobierno nuevo, con las actuales estructuras, podrá sacarnos del atolladero; y no es que descalifique a los honestos políticos que puedan llegar al poder en 2014, sino que con las actuales estructuras el tráfico de influencias, las coimas, el cohecho y el clientelismo político, envuelto por poca moral colectiva, desembocaríamos –si no en lo mismo– en la pérdida de tiempo precioso para obtener el bien común para este pueblo.

Esa constituyente que solicitan una serie de ciudadanos y el Tribunal Electoral –ese que ha sido cómplice de mantener el poder constituido vigente, claro porque ellos son parte de él– es otra cortina de humo o táctica de distracción.

Señores, si se aplica la modalidad de “paralela”, que está en la Constitución de la dictadura, el proceso estaría terminando en el año 2014, enredando el supuesto tiempo para el relevo de este gobierno criminal (violador de derechos humanos, incluido el derecho a la vida; no olvidemos el rostro destrozado del adolescente de San Lorenzo), por lo que agentes del sector de la dictadura en los organismos de “inteligencia”, aprovecharán para prorrogarle el mandato al mismo grupo.

Lo que cabe es que dentro de la clase política –la que no está contaminada con las mieles del poder– se produzca un acuerdo con la llamada sociedad civil, junto a la infinidad de dirigentes que no han querido entrar al pantano a sanearlo, optando todos los de ese acuerdo por la toma del poder, democráticamente, ganando en alianza programática las elecciones de 2014; lo que tendría como objetivo primordial desarrollar un proceso constituyente de cara a una nueva República, sabiendo todos los postulados que, de ganar, su ejercicio sería de trámite para propiciar ese proceso.

Es difícil que participen los que ya han sido electos y están contaminados, quienes nada o poco han hecho por democratizar a Panamá, más allá de reiterar un demagógico discurso para mantener vigencia entre la ciudadanía indignada por las prácticas de los gobiernos posinvasión, que les dieron el respaldo.

Los problemas de Panamá no son sectoriales, son integrales. Por eso, los indígenas con su ejemplar acción, con su convocatoria, determinación y militancia deben ser reconocidos como una vanguardia del pueblo.

Claro que no aplaudimos –pero entendemos– sus actos, calificados como de violencia en tiempos normales (tiempos que no vivimos). Cerrar una vía o tirar piedras son acciones aupadas por los gobernantes para desgastarlos y desacreditarlos.

Estos actos ponen luces sobre la crisis profunda que vive la nación. El camino es uno: constituir la nueva República, en la que los vicios que padecemos sean minimizados.

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