RECUERDOS DE NAVIDAD

Un nido en el corazón: Berna Calvit

Las fiestas de fin de año despiertan mi nostalgia por las celebraciones de Navidad y Año Nuevo en aquella nuestra casa donde mi madre se entregaba de lleno a preparar sus platillos nicaragüenses, entre ellos los “nacatamales”, primos hermanos de los tamales panameños. ¡Y el rompope! Semanas antes, de las cajas que guardaban los objetos navideños salían figuras, flores, alfombras, limpiones, vajillas y cuánto adorno la doñita encontraba bonito para adornar la casa de arriba a abajo.

De la tarea artística de diseñar y armar el nacimiento se encargaba Mario, mi hermano mayor; salvo las figuras de yeso, todo era creado por sus manos; el riachuelo lo hacía con trozos de espejos que salpicaba con minúsculas piedras; con tierra apelmazada hacía colinas y llanos; y oasis y desiertos con arena que recogía en la playa de Bella Vista (nuestro balneario de entonces) y antes, más niños, en el río Chico de Antón; pintaba el papel manila y hasta estrellas hacía aparecer en los azules y celestes matizados de cielos en los que se deshilachaban tenuemente, las nubes blanco-gris; con trocitos de papel celofán, henequén y cartulina hizo palmeras que si la brisa hubiera mecido, no me habría sorprendido. ¡Parecían de verdad!

Mi hermano Tomás, además de asistente artístico de Mario, era “ayudante repostero” (lo que había que batir se batía a “pulmón”) en lo que conjuntamente preparaban mamá y su mejor amiga, la querida e inolvidable profesora antonera Cristina Aguilar.

Al menor de los hermanos, Arturo, le tocaba la decoración exterior de la casa; en aquellos años no había Santas inflables ni nacimientos de plástico; pero con las luces, varitas de birulí y mucha destreza manual, se las ingeniaba para hacer las figuras que mamá quería.

Mi tarea principal era arreglar las mesas, que los manteles no quedaran más largos de un lado que del otro; “mirá bien que los cubiertos se ponen así, las servilletas “asao”; y “pasame esa bandeja y no metás los dedos dentro de los vasos”, etc.

No recuerdo que hiciéramos lista de pedidos al Niño Dios; los regalos eran los artículos que necesitábamos (ropa, piyamas) y si las cosas andaban bien, patines para mis hermanos y para mí una muñeca a la que mamá le hacía lindos vestidos.

Eran los años en que todavía el Niño Jesús era el rey de la Noche Buena y el panzón Santa Claus no lo había desplazado.

De mi niñez guardo hermosos recuerdos; como en todas las familias, no todo era “un mar de leche”, como decía mi madre cuando nos quejábamos de algo. Pero de esos años, en el colador de los recuerdos solo permanecen los buenos. Aún nos faltaba un largo trecho, a mis hermanos y a mí, para llegar a los años en que las preocupaciones serían mucho más serias que decidir el lugar donde debía colocarse la estrella de Belén.

Entre el viejo y el nuevo año trazo una línea imaginaria; el viejo, con el saco de problemas que no pudo resolver, se marcha flaco y cansado. Del otro lado de la línea lo espera su relevo, el bebé rozagante y risueño que representa ilusiones y esperanzas, un nuevo porvenir; recibirá el saco, se lo echará al hombro y optimista irá al encuentro de un mundo convulsionado por guerras, crisis económica, miseria humana, desigualdad social, injusticia.

Desearía que a todos el 2011 nos haya dejado las satisfacciones que dan el afecto familiar, los amigos verdaderos, los amores buenos, el trabajo que da frutos. Desearía, también, que nuestros gobernantes retomaran el buen camino; el 2011 ha estado salpicado por hechos graves de corrupción; mucho han errado a lo largo del año y no dan muestras de querer rectificar.

Porque Panamá es nuestro, no permitamos que nos conviertan en marionetas, en convidados de piedra en el destino del país. Participemos más para ayudar a moldear el futuro con trabajo, disciplina e inteligencia. Luchemos por mejor educación para los jóvenes y para despertar en ellos aprecio y respeto por todo lo significa ser panameño.

No permitamos que las nuevas tecnologías de la comunicación acaben con las charlas personales, las reuniones familiares, el abrazo palmeado, el beso, el mirarse a los ojos.

De Desiderata copio fragmentos siempre apropiados para reflexionar sobre el pasado y lo que está por venir. “... Mantén buenas relaciones con todos en tanto te sea posible, pero sin transigir. Di tu verdad tranquila y claramente; y escucha a los demás, incluso al torpe y al ignorante ... Evita las personas ruidosas y agresivas, pues son vejaciones para el espíritu. ... Sé amable contigo mismo. Eres una criatura del universo, al igual que los árboles y las estrellas; tienes derecho a estar aquí. Y, te resulte o no evidente, sin duda el universo se desenvuelve como debe. ... Mantente en paz con tu alma en la ruidosa confusión de la vida. Aún con todas sus farsas, cargas y sueños rotos, éste sigue siendo un hermoso mundo ...Y esfuérzate en ser feliz”.

Agradecida por la dicha de estar, otra vez, al lado de mis amores distantes en estas fiestas, recordaré con cariño la calidez de mi Panamá, y a su gente buena, trabajadora y alegre. Para usted y para ellos, mis deseos de que en el año 2012 la paz y la solidaridad hagan nido en sus corazones. ¡Salud!

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