VÍCTIMAS

De niños de la guerra, a niños de la paz: Oreste Del Río Sandoval

Beasts of No Nation es un film dirigido y escrito por Cary Joji Fukunaga. Una de sus particularidades es que fue distribuido a través de Netflix. Es decir, que es una película que no pasó por el circuito comercial de salas de cine. Eso no la ha dejado fuera del radar, y muchos hablan de que puede ser sensación en la próxima entrega de los premios Óscar, al ser la primera película de la historia en ganar este galardón sin haber pasado por las salas de cine.

Pero lo que nos ocupa en este caso es la historia que la película cuenta. La trama se centra en la vida de Agu, un niño apartado de su familia durante una guerra civil en un país africano. Durante su huida, el protagonista es reclutado por una de las fuerzas rebeldes que participan del conflicto, y pasa a formar parte de un batallón, en el que se cuentan muchos niños soldados.

Ese relato, aunque geográficamente lejano, no es ajeno a la realidad de nuestra región. Durante décadas, las organizaciones vinculadas a los derechos humanos han denunciado el reclutamiento de niños por grupos irregulares y movimientos guerrilleros en América Latina. El ejemplo más difundido es el de Colombia, donde para 2012 se estimaba la participación de alrededor de 15 mil niños y adolescentes en el conflicto bélico entre el Ejército colombiano y los diversos grupos insurgentes.

Siempre hemos defendido y luchado por los derechos de los niños, al considerarlos entre los grupos más vulnerables de nuestra sociedad, y a quienes debemos asegurarles sus derechos y su bienestar, pues son el futuro de nuestra sociedad. Por ello, debemos considerar inaceptable la participación de niños en cualquier instancia y bajo cualquier rol en un conflicto armado. Sin embargo, sabemos que esto es difícil de cumplir, pues la propia irregularidad de algunos de los bandos en pugna hace imposible la regulación de condiciones de combate.

Como panameños, es obligatorio analizar cuál es nuestra situación como nación. Vivimos en un país que, en términos generales, aún puede ser considerado pacífico, pero para los efectos de este análisis, ¿sería justo, para nuestros niños, que nos limitemos a entender la guerra en el estricto sentido de su definición bélica y su carácter militar?

Yo creo que los niños también se debaten entre distintos tipos de guerras: una que emana de un terrible conflicto entre pandillas y que no para de cobrar vidas inocentes ni sacia esa costumbre, cada vez más frecuente, de reclutar niños para el sicariato, entre otras modalidades, y otra guerra por la educación, en que se mantiene aún una brecha ancha entre lo que se considera calidad educativa y educación de bajo nivel, a pesar de los esfuerzos del Gobierno, de los docentes, de los padres de familia y de los propios estudiantes.

A finales de 2015, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, el más antiguo y poderoso grupo guerrillero del añejo conflicto colombiano, declaró su confianza de que este año concluirán los acuerdos de paz que se desarrollan en La Habana. Bienvenido sea, entonces, ese acuerdo.

Pero, volviendo a las vivencias que relata el film mencionado, muchas veces los acuerdos de paz no son suficientes ni conclusivos. La verdadera paz se alcanzará cuando esos miles de niños, que no conocen otra realidad que la de los abusos propios de la guerra, encuentren a través de la contención y la educación, el camino más seguro a una plena inserción social.

En Panamá la respuesta es muy similar: educación, mejor educación y más educación.

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