REFLEXIÓN

De la nobleza a la institucionalización de la medicina: Yashiro Díaz

Meditaba en dos personajes del período helenístico romano: Séneca y Galeno.

Hoy quisiera exponer el tema de la nobleza desde la perspectiva de Séneca: “La nobleza no nos es dada; la adquirimos por el goce de la voluntad”. Para él, quien organiza una antropología centrada en la consciencia, esta, la recta razón, guía nuestros actos hacia el bien. Eso es voluntad, “razón y movimiento”.

“Quien es un verdadero médico, es un filósofo”, decía Galeno de Pérgamo. No porque egrese de ambas carreras, sino porque la medicina le otorga la técnica para sanar y la filosofía la plenitud de ser consciente de la vida trascendente (existencia, dolor, sufrimiento, consolación). Considero que la nobleza no se ostenta en un título o en la práctica de un arte, sino en quien la ejerce. La medicina es un absoluto, el médico no, él es noble por sus actos guiados por una recta razón, además, por una razón autónoma.

Hoy la medicina es una institución y el médico (que así lo desea) pasa a ser parte de esta macroestructura. No hay autonomía en sus actos, por ende, no hay tal nobleza. La institución gobierna, el médico se convierte, en términos neoliberales, en un capital humano. Si la institución gobierna mal, el capital humano está mal dirigido. Si se dirigen mal los sistemas de salud, de manera que sobrecargan a un ser humano (el médico), exigiéndoles más trabajo, más producción entonces él podrá estar guiado o motivado hacia un actuar bien, pero la recta razón no lo permite (es una mente agotada). No hay voluntad de actos, le fueron arrebatados; ahora es heterónoma, es institucionalizada.

Si observamos los acontecimientos actuales, cada quien trata de resolver los conflictos de una forma adversa. El Estado intenta velar, constitucionalmente, por una cobertura universal de la salud: derecho fundamental de todo humano. Sin embargo, el método no concuerda con lo que recomienda la Organización Panamericana de la Salud, en cuanto a equidad, universalización y priorización en la gestión de la prestación de servicios.

Los gremios médicos (quienes, con todo el respeto que merecen, han desviado su perspectiva de congregar una fuerza de trabajo en bien de los hombres y mujeres) no dirigen coherentemente lo que desean: ¿vocación de servicio, interés pecuniario, privilegio social, interés por el pueblo, conflicto de intereses? ¿Qué?

Los pacientes sufren cada “paro”, mientras las instituciones (gremios y Estado) se resuelven.

Galeno de Pérgamo acusa aquellos médicos que “le han vuelto la espalda a Hipócrates por ser ignorantes, corruptos y estar absurdamente divididos”. Expondré las dos primeras, refiriéndome a Galeno:

1. La ignorancia radica en no hacer uso de la lógica. Entonces, se doblega el arte de la medicina a una práctica automática: sin reflexión alguna. La técnica, guiada por la costumbre, solo puede decirse ser efectiva, eficiente, eficaz, mensurable (y todas estos términos innovadores). La praxis, guiada por una recta razón, se dice ser benévola, determinada, diligente, consecuente. Hubo médicos expertos en la técnica y carentes de praxis que lo llevaron a violar el sacro imperio humano en honor a la ciencia: Doctor Fausto.

Lastimosamente, aprecié cómo un gremialista médico cometía cuatro falacias de la lógica informal en 20 minutos de exposición, y cómo el Estado estaba plenamente mal asesorado, tanto que se llegó a la incongruencia.

2. La corrupción, según Galeno, radica en “el abandono a la licencia, la insaciabilidad de dinero y la pereza: todas ciegan el alma y la voluntad”. Abandonarse a la licencia, actualmente, es no cumplir la promesa que ostenta la primera línea de la Declaración de Ginebra, aquella que recita todo médico con loable dignidad. Entonces, que toda una población humana sufra cada paro médico es, como bien dice Galeno, “un abandono a la licencia”. En ningún instante escucho que persistan en la defensa de los derechos fundamentales de la salud de la humanidad, solo asuntos económicos.

Sugiero que aquellos que gobiernan o “representan” la mayoría no conviertan las diligencias concernientes a la salud de todos en burocracia, mercadeo y politiquería. Se utilice argumentos válidos, es inconcebible que un defensor laico de un proyecto de ley desconozca (o no tenga a mano) la Constitución de la República, la Declaración Internacional de los Derechos Humanos y el tan controvertido proyecto de ley, ya sancionado.

Creo que el médico debe velar por la nobleza de sus actos, es decir, su recta razón, autonomía (pese a ejercer en una institución) y voluntad, y no permitir que se institucionalice el acto médico.

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