ESTERILIZACIÓN VOLUNTARIA

Una nota positiva...: Daniel R. Pichel

En medio de todas las razones que tenemos para quejarnos en nuestro país, desde las empresas favorecidas por extrañas licitaciones, la falta de independencia de los poderes, la casi nula categoría del debate legislativo y la deprimente calidad de los candidatos presidenciales, esta semana se dio un hecho muy positivo que vale la pena destacar. A pesar de las pataletas de los más conspicuos representantes de “Frenasexo”, la Asamblea Nacional aprobó y el Presidente sancionó la ley que regula el derecho de las mujeres a la esterilización voluntaria.

Esta ley era una asignatura pendiente de quienes han cedido irresponsablemente a toda clase de presiones, obligando a mujeres de escasos recursos a esperar cumplir 33 años, y tener cinco hijos, para poder aspirar a ser esterilizadas en las instituciones públicas de salud. Esto, como es de suponerse, representa una terrible desventaja laboral y social para mujeres que, frecuentemente, se ven condenadas a cuidar una recua de hijos, quitándoles la oportunidad de integrarse a la sociedad y al mercado laboral en igualdad de oportunidades a sus contrapartes varones.

Afortunadamente, las mismas críticas de siempre no fueron tomadas en cuenta por quienes tuvieron que tomar la decisión de aprobar este proyecto pensando en la necesidad de ofrecer un procedimiento médico completamente rutinario a todas aquellas mujeres que no deseen tener más hijos. Porque lo que ocurría hasta ahora en Panamá no era más que una simple discriminación hacia las mujeres de escasos recursos y que, frecuentemente, son quienes padecen el costo social de tener muchos más hijos de los que pueden mantener. El caso es que a nivel privado las mujeres siempre se han podido hacer una esterilización quirúrgica cuando ellas quieren, simplemente solicitándoselo a su médico. Mientras, quienes no pueden acceder a la medicina privada, muchas veces se veían obligadas a seguir pariendo hijos hasta cumplir la edad que les permitía optar por la cirugía, cuando posiblemente ya contaban con una prole de siete u ocho muchachos.

Igualmente, la sociedad terriblemente machista en que vivimos, donde algunos ven a las mujeres como simples “incubadoras biológicas” (el término lo leí en un correo de uno de estos fanáticos de “La Liga de la Moral”), habitualmente mira hacia otro lado ante estas discriminaciones, igual que con muchos casos de violencia contra la mujer. Simplemente, optan por escudarse en falsos preceptos morales o religiosos para no hacer nada al respecto y dejar todo como está.

Lo peor de todo este asunto, son los argumentos que se esgrimen para oponerse a este tipo de iniciativas. No merece ni comentarse el absurdo argumento de que la aprobación presidencial es un “pase de factura a la iglesia por impulsar el pacto ético electoral”. Pero, durante esta semana, he leído algunas de las barbaridades más increíbles que pudiera uno imaginarse al respecto. Para comenzar, mucha de esta gente vive en una especie de burbuja medieval, donde lo que diga cualquier “guía espiritual” debe estar por encima de lo que dicte el sentido común y la evidencia científica. Son los mismos que vociferan que el preservativo no previene infecciones ni embarazos y que “lo único que sirve” es la abstinencia, cuando sobra evidencia que lo que funciona es el A-B-C (abstinencia, tener una sola pareja y condón). Constantemente, citan los números que Zenit y ACI Noticias revuelven, de lo ocurrido en Uganda donde, la estrategia ABC logró reducir el número de infectados por VIH. Por supuesto, la mención de la “C” no está en su agenda.

Pero bueno, qué se puede esperar de quienes, hace un tiempo, decían que el aumento del cáncer de mama en el mundo se debía a que el agua estaba contaminada con la orina de las mujeres que toman anticonceptivos orales. Ante este pujo intelectual es poco lo que puede alegarse.

Y encima, revuelven términos y argumentos de manera descarada para confundir. Por lo general, tratan de hacer ver que defender el derecho de la mujer a la esterilización o a usar anticonceptivos, es equivalente a defender el aborto. Como el argumento es fácilmente rebatible, entonces se salen con “bueno, comienzan por los anticonceptivos y siguen con el aborto”. Igualmente, meten en una discusión sobre el derecho de la mujer a decidir cuántos hijos quiere tener (y mantener) conceptos completamente ajenos al asunto como el derecho de los homosexuales a formalizar legalmente sus uniones, o el atentado a los valores familiares que significa defender la planificación familiar moderna. Además, cuanto más leo estas opiniones cuasicavernarias, más me convenzo de que tienen una obsesión homofóbica que, en mi opinión, amerita buscar ayuda profesional.

No tengamos la menor duda de que esta gente seguirá protestando contra una ley no solamente necesaria, sino infinitamente justa. Y quién sabe si en el futuro hasta se salgan con la suya. Lo que es un hecho es que mientras tanto, solo cabe un “¡enhorabuena!”, a quienes tuvieron que ver con esta iniciativa. Al diputado Crispiano Adames, quien la propuso, a los diputados de la Asamblea Nacional que la aprobaron y al Ejecutivo que la sancionó. Sin duda, se ha dado un paso importante hacia la igualdad de oportunidades, y hacia lograr una sociedad acorde con los valores y preceptos que deben regir la conducta de la sociedad moderna en pleno siglo XXI.

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