MEJORES HERRAMIENTAS

Hacia una nueva educación: Rosa Moreno

Hay expresiones que se utilizan no solo en nuestro país, sino en casi todo el mundo, por ejemplo, “de tal padre, tal hijo”, “hijo de tigre nace pintado”, entre otras, y nos hacen ver que la educación de los niños depende de la actitud mental de sus padres.

Si los padres y madres de familia tuvieran claro el poder de la palabra, cambiarían la forma o manera como se expresan acerca de los hijos. Cada vez que les dicen palabras o expresiones negativas, estas se graban en sus mentes y les hacen un daño enorme para el resto de sus vidas.

Como docente, escucho decir a los alumnos que su padre o madre le dice frases como: “Te va a ir mal en los estudios”, “eres bueno para nada” o “nunca puedes ni sabes hacer nada bien”.

Lo que ignoran es que al escuchar esas palabras negativas de forma constante, sus hijos pierden la autoconfianza y no estudian con motivación ni voluntad, por lo tanto, no lograrán mejorar en los estudios ni en las actividades que deseen realizar.

En cambio, aquellos alumnos que sobresalen en todo son hijos de padres y madres que a diario pronuncian palabras de elogio, les regalan sonrisas, amor, bondad y expresan frases como: “Eres maravilloso, inteligente, sabio, hijo de Dios, exitoso, triunfador, próspero, etc”.

Los niños que reciben estos halagos van creando en sus mentes lo que escuchan. Por esta razón, estudian con ánimo, con satisfacción y, por lógica, siempre mejorarán en cada una de las oportunidades que se les presente, igual que en los estudios.

Por eso, invito a todos los padres y madres que leen este artículo a que practiquen la “pedagogía del amor”, que consiste en la expresión de palabras bellas que llegan al alma de los hijos; en sonreír siempre; conversar a diario; escucharlos y dedicarles calidad de tiempo.

Lo que deseo dejar claro es que, tanto los niños como los jóvenes de hoy, pueden crecer como personas de éxito y desarrollar sus talentos, sus dones, capacidades, destrezas y esa potencialidad que Dios les ha heredado a cada uno.

Aprovecho la oportunidad para felicitar a todos los docentes del país, que en este mes inician un nuevo año lectivo para compartir con los alumnos cada una de las lecciones, actividades, dinámicas, reflexiones y consejos, con alegría y entusiasmo.

Panamá necesita un cambio en educación, pero este comienza en nuestro interior. Cada uno de nosotros somos el cambio. En la actualidad se habla de la tecnología aplicada a la educación, que tiene sus ventajas. Sin embargo, una institución educativa podrá tener la última tecnología, pero de nosotros, los docentes, depende la calidad de lo que se enseña. No es una computadora ni una pizarra electrónica lo que determinará si somos buenos docentes. Las mejores herramientas, estrategias o técnicas se llaman: Amor, dedicación, compromiso y vocación. Aplicándolas todos los días en las aulas de clases, veremos cómo cambia el entorno educativo y tendremos mejores estudiantes, por ende, una buena sociedad.

Pensemos en positivo y dejemos de encontrar culpables en el ámbito educativo, es mejor que aprovechemos toda esa energía para hacer cambios internos, personales. Hagamos un alto y reflexionemos sobre nuestra forma de ser, hacer y convivir con los padres de familias, los alumnos y los compañeros de trabajo.

Propongo introducir cambios dinámicos y positivos en la sociedad, que nos ayuden a desarrollar una educación diferente, con formación espiritual, pedagogía del amor (cariño, ternura, afectos y elogios). Una educación del corazón que ayude a despertar las almas de los estudiantes.

Nada es imposible. Para lograr esto es importante trabajar en equipo y que todos los involucrados en la enseñanza trabajemos con ese mismo fin.

Los docentes somos competentes, emprendedores y debemos mantener el buen humor, el cariño, afectividad y ser amables con los estudiantes.

Queridos colegas y amigos, recordemos que nadie puede exigir lo que no da, ni se puede dar lo que no tiene. Formar valores en los alumnos es de suma importancia, pero antes debemos cuestionarnos si en realidad cada uno ejerce el liderazgo pedagógico.

Soy creyente de que si le demostramos afecto a los estudiantes, ellos aprenden mucho mejor. Puedo dar fe de ello, por mis años de servicio como docente. El afecto es la base de la educación, las palabras de elogio y amor aseguran el éxito educativo.

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