DETERIORO DE LA GOBERNABILIDAD

¿Qué ocurre con la democracia?: Dorindo Jayan Cortez

Las cosas políticas no parecen andar bien en Panamá. Hay quejas partidistas por doquier; “se compran y se venden” políticos; las calificaciones que hace la opinión pública –las encuestas de Unimer de La Prensa, verbigracia–, dan fracaso a la democracia.

La percepción es desfavorable en un 63.8%. Actores de la extinta Cruzada Civilista se reactivan, ante el peligro inminente que corre la democracia. Hablamos de un proceso que pareciera haber entrado en un estado agónico de involución.

Este retroceso es de reciente data. Una lectura del informe Cultura Política de la Democracia en Panamá, 2010, editado con base a la serie de encuestas del Barómetro de las América, de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, destaca la confianza que la población tenía en las instituciones políticas.

Ahora, por el contrario, se corre el riesgo de que la credibilidad toque fondo, sobre todo con lo que viene ocurriendo con la legislación electoral.

El Presidente, según se lee en aquel informe, solo era superado por la Autoridad de Canal de Panamá, con una confianza del 65.3%. Ahora, compite por el último lugar, tanto en Panamá como en las calificaciones que se hacen desde el exterior (el mandatario panameño aparece entre los tres peores evaluados).

El escenario que preocupa, por ejemplo, subraya pautas que ya han alcanzado, incluso, a sectores tradicionalmente cohesionados como es el caso de los gremios empresariales.

La Iglesia ha salido de su claustro para elevar plegaria ante el tono desmedido del rumbo político. La libertad de expresión sufre, se obstaculiza. Los pañuelos blancos amenazan o sienten la necesidad de tomarse las calles. El trabajo hacia el consenso de lo político fracasa y el Tribunal Electoral no encuentra oídos receptivos.

La Asamblea Nacional como el avestruz, pero sin alas, entierra su cabeza en la arena.

Transitamos, en verdad, por un período difícil. Las encuestas, sin excepción, dan cuenta del deterioro de la gobernabilidad y de la misma democracia. El modelo de dirección estatal del “nuevo poder político” se deteriora cada vez más.

De hecho, con sus altas y sus bajas, en el Panamá de las dos últimas décadas se logró construir un esquema institucional orientado a lograr, primero, y fortalecer, después, los soportes básicos del proceso democrático.

El régimen institucional representado en el Tribunal Electoral, los partidos políticos, la sociedad civil organizada, pero además la población en general en el acto mismo de ejercer el voto, todos estos factores han sido piezas clave para abrir las puertas para la “democratización”. Sin embargo, y aún del crecimiento económico que vivimos, el ejercicio democrático en la coyuntura actual se desmorona como castillo de arena y se distancia de su propósito esencial, como es el de crear ciudadanía integral.

En un panorama como ese, tienen que asumirse responsabilidades –una conciencia crítica, como reza el adagio universitario, a través de la mirada permanente, continua, con participación de los actores– sin distinción, con el fin ubicar el rumbo correcto para fortalecer la ciudadanía en su amplia integralidad.

Un programa que ayude a retomar la democracia es más que necesario, sobre todo, en el marco de las dificultades arriba aludidas. Hay que asistir al escenario actual aportando un “grano de arena, pero con algo de cemento” que fortifique los esfuerzos conjuntos para volver al camino. Al camino que hará más grande a Panamá.

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