VECINOS EN ALERTA

De ordenamientos y desbarajustes: Berna Calvit

Finalmente terminé el inventario de mis escritos publicados en diarios del país entre enero 1992 y junio 2012, un total de 502 artículos de “amplio espectro”. Me satisfizo observar que traté de ceñirme a las pautas para el artículo de opinión: brevedad, claridad, honestidad y convicción e interés de servir. En ninguno hubo interés en beneficio personal. En este escrito, por primera vez, me ocupo de una situación que me afecta personalmente y a todos los vecinos de El Carmen. Estamos en peligro, en la mira de ojos codiciosos que ven en cada pulgada de terreno la oportunidad de ganar dinero a costa del daño a sus habitantes y la naturaleza. Fue ingrata sorpresa enterarme de un día para el otro (literalmente) que en el Miviot (Mivi-Ordenamiento Territorial) se presentaría un proyecto que requería que a mi calle se le cambiara la zonificación. En pocas horas se corrió la voz y, alertados, varios vecinos llegamos a la reunión donde nos esperaba una impecable presentación sobre las bondades del proyecto, “tendencias” del área (comerciales, densidad de población, etc.); no nos convenció y nuestro rechazo se unió al de los vecinos de Herbruger y Linares que confrontan problemas similares. Unidos en causa común bajo el nombre Asociación de Residentes del Carmen (Arecar) se iniciaron acciones para comunicarnos con las autoridades; a la última reunión, convocada por el Miviot para presentar el “ordenamiento”, acudió con buena actitud el viceministro, Eladio Ostia Pravia, a quien debe haberle quedado claro que Arecar, como lo hizo un grupo en Betania, está dispuesta a defenderse de este tipo de “progreso”.

El descontrol y la depredación urbana no nacieron con el gobierno Martinelli. El desbarajuste empezó hace mucho; de ello sobran tristes ejemplos (Bella Vista, San Francisco). En 1995 la administración Torrijos intentó, sin éxito, eliminar las restricciones de altura en ciertas áreas de San Francisco; en 2011 el gobierno Martinelli echó otro “envión” con las mismas intenciones y tampoco lo logró. La comunidad cerró filas. ¿Cuándo aprenderán que ya los perros no se amarran con longaniza”? El artículo “La Scala”, fea de la ciudad”, de Nair González (La Prensa 2/1/2012) explica en detalle cómo en la calle David de Castro, calle mínima con chalets y algunos dúplex, el Grupo Corcione (apellido muy ligado a los Martinelli) pretende construir La Scala, torre de 20 pisos; el vecindario rechaza este injerto y el caso ha pasado por varios despachos donde los documentos se atoran o se extravían; ignoran la opinión del procurador de la Administración, que calificó “irregular” el aumento de densidad; y se hacen los suecos ante un permiso de Anam expirado (que lo aprobó, por supuesto). “Pasarse la bola” es el truco; tomar decisiones contra los intereses de los poderosos de turno es riesgoso. No sorprende que la Corte Suprema de Justicia fallara que “los cambios de zonificación se basan siempre sobre estudios del Mivi”. Entre togas se mueven los hilos del poder.

El ordenamiento propuesto dejará nuestro barrio expuesto a cambios acomodados para satisfacer la voracidad de los poderosos a quienes que se les permite todo tipo de transgresiones. En la calle Demetrio Herrera Sevillano, un edificio lleva más de dos años en construcción (Shahani); de ese largo tramo de acera, intransitable por fango, alambres, hojas de zinc, camiones, etc., se apoderó el constructor. Las constructoras se apoderan a su antojo de aceras, calles y de nuestra tranquilidad. ¡Ah!, es que son “promotores del progreso”. Resumo noticia del 2006 que no necesita comentarios: “Los vecinos de Coco del Mar están nerviosos. Un edificio de 31 pisos de apartamentos, que se construirá en las cercanías de la iglesia San Francisco de La Caleta, amenaza con perturbarles la paz. Se trata de un proyecto del Grupo Corcione que ocupará la finca número 9513, propiedad en fideicomiso de la Caja de Ahorros; según la residentes quejosos, no debe ser construido allí porque el área no tiene capacidad para soportar la cantidad de habitantes nuevos que circularán por el lugar. El director de Obras y Construcciones del Municipio de Panamá, Jaime Salas, aprobó el anteproyecto que “cumple todas las normativas vigentes”.

Los vecinos de Vía Grecia estamos en situación similar; actualmente un par de proyectos Godzilla nos amenazan. No deseamos el “caché” caótico de Punta Pacífica o Paitilla; queremos seguir siendo un barrio sencillo y modesto. Es insensato permitir edificios tan altos en calles cortas y estrechas de por sí congestionadas; sin infraestructura capaz de soportar un aumento considerable de población (40, 60 apartamentos con sus respectivos autos e inquilinos). Los que vivimos en El Carmen, si nos viéramos forzados a huir del caos que crearían estas torres (o “despelotes” como los de Calle Uruguay), no tendríamos para comprar un apartamento ni nuevo ni viejo en áreas cercanas, que ahora cuestan un ojo de la cara. El asunto para mí y para mis vecinos es que con el “ordenamiento” salimos perdiendo en todo sentido. Se desmejorará nuestro bienestar y la relativa tranquilidad porque valen las influencias para atropellarnos, para empobrecer nuestra calidad de vida. En un país donde el ciudadano, el patrimonio histórico, la cultura y la riqueza natural son despreciados por el Gobierno, o “nos ponemos las pilas”, o nos comen los insaciables tigres del cemento, la arena, el asfalto, las playas, el dólar.

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