SOCIEDAD

El origen de todas las cosas: Oreste Del Río Sandoval

Si bien desde la antigüedad los seres humanos se organizaron para plantear sus demandas a los gobernantes, no fue hasta entrado el siglo XIX que esa organización comenzó a adquirir un carácter más formal. Así, a partir del desplazamiento de masas de campesinos para trabajar en las ciudades, durante los años de la Revolución Industrial, el mundo asistió al surgimiento de gremios, sindicatos, organizaciones de la sociedad civil y, más tarde, partidos políticos.

La democracia moderna, entendida en su sentido más amplio, no solo como la sucesión de elecciones, no puede prescindir de ninguno de estos actores si quiere ser considerada saludable. Sin embargo, en este sentido, es bueno separar la paja del trigo.

Aun cuando las organizaciones gremiales o las organizaciones de la sociedad civil presenten demandas legítimas y razonables ante fenómenos que afectan la vida de las comunidades, se debería entender que su razón de ser no está en alcanzar el gobierno; sin embargo, el descrédito que ha venido recibiendo la clase política por la mala representación ejercida por unos cuantos en las últimas décadas ha impulsado justificadamente que la sociedad civil se haya visto prácticamente obligada a jugar ese papel, teóricamente antagónico; pero pragmáticamente aplicable a nuestra realidad actual.

En palabras tal vez un poco arriesgadas, pero que nos despiertan la curiosidad y nos llaman al análisis de lo descrito, en una entrevista reciente, la secretaria general del Partido Popular de España, María Dolores de Cospedal, aseguró que la sociedad es tan corrupta como los partidos políticos. “La misma corrupción que puede haber en un partido político, la hay en la sociedad”, dijo.

Esta frase tan corta, pero a la vez tan poderosa, nos lleva a un análisis profundo al mejor estilo de pensadores, como Tales de Mileto, Anaxímenes o Anaximandro, que en su momento intentaron entender el origen de las cosas. Esta vez, lo intentaríamos hacer nosotros de una manera humilde, y reducida en esta ocasión a los fenómenos sociales y en particular a los actores que ejercen la política –para el entender de muchos–. Entonces, el origen de todo lo político y de los políticos, en donde nacen, se transforman y regresan, estaría en la sociedad, aquella en la que también convive aquel padre que le pega a un hijo para “aconductarlo”, diciéndole que los golpes que le propina le duelen más a él que al castigado; en aquel que bota un papel a la calle para no ensuciar su auto y no exponerlo a las cucarachas u hormigas; en el que se pasa la luz roja porque tiene un compromiso de trabajo, y en todo aquel que justifica actuaciones no aprobadas socialmente, pero que las aprueba a su justa conveniencia.

Lo dicho me lleva a dos conclusiones recogidas en frases muy cortas, pero poderosas y con implicaciones de origen y desarrollo social. La primera la pueden leer en el renglón final de Juan 8:1-7: “Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra”, y la segunda en una frase que quizás habremos escuchado y que algunos ven como un mito urbano: “La solución está en la educación”.

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