MALES DE AYER Y HOY

El país de la tribulación: David Méndez

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La palabra tribulación designa una experiencia de vida de opresión y angustia que lleva a la depresión. Es innegable que se perdió la tranquilidad en el país. Vivimos en tribulación. Las evidencias demuestran corrupción por el uso ilegal e indiscriminado de los recursos del Estado. Como respuesta, la mayoría votó en contra de la descomposición terminal del sistema político y puso sus esperanzas en aquel que, a los 18 años de edad, durante su graduación en el colegio Javier, soñó con ocupar la más alta magistratura del país para hacer justicia. ¡Una gran responsabilidad!

El sentimiento del ciudadano común, es de zozobra. Miles de millones de dólares se esfumaron en cinco años, postergando la oportunidad de derrotar la pobreza. El presupuesto de la nación alcanzó cifras astronómicas, y el gobierno actual pidió uno aún mayor. No se entiende muy bien esto, pues si durante la administración anterior se saquearon las arcas y, a pesar de esto, alcanzó para desarrollar muchas obras, ahora con un presupuesto similar sobrarían unos cientos de millones. Esto requiere de una explicación detallada.

Confunde un poco que las figuras impuestas antes para montar un “gobierno paralelo”, se mantengan en la Contraloría, la Procuradoría y a cargo de otras entidades que contribuyeron a que la oscuridad reinara.

Por otra parte, sigue la llegada de extranjeros al país, que se mantiene con las puertas abiertas para que personajes foráneos se escondan, radiquen y monten sus negocios ilícitos aquí. Cuidar las fronteras no es xenofobia, es un deber constitucional y primordial del Estado en pro de la seguridad ciudadana.

Ver las noticias es como presenciar una película de terror. Asesinatos horrendos con previa tortura, desapariciones, raptos, secuestros y extorsiones a diario. Y vea quienes los cometen. ¡Extranjeros!

A las televisoras habría que ponerles censura, pues atiborran los horarios de mayor rating con novelas sobre narcotraficantes que elevan al nivel de mártires o superhéroes. Confunden los valores de los niños y contaminan a la juventud. Eso fuera de las escenas de sexo y pornografía que en cada capítulo estrenan. A esto se suma el absurdo Proyecto de Ley sobre Salud Sexual y Reproductiva que extenderá a cifras espeluznantes el aborto y el embarazo en las niñas.

Además muchos jóvenes abandonan las escuelas, porque vender drogas es más rentable. Otros optan por trabajar en la construcción, y cuando los proyectos se completen solo nos quedará una población sin educación. Las constructoras y promotoras deberían invertir en colegios nocturnos para que los jóvenes no dejen sus estudios.

En la calle, a lo malo se le dice bueno y a lo bueno, malo. Los precaristas ocupan terrenos ajenos y creen tener derecho sobre esas tierras. El populismo estatal pretende, por medio de subsidios, resolver los problemas a costa del derroche de las arcas estatales.

Los dueños de taxis y busitos ilegales, llamados piratas, exigen que les permitan competir con aquellos que sí cumplen con las normas. Hasta los extranjeros piensan que tienen derecho a criticar y cerrar calles. En la radio, proliferan los programas de chamanes, brujos y hechiceros, sin embargo, a los médicos se nos cuestiona y acusa ante las faltas de seguridad que denunciamos en los sistemas de salud. ¡Qué injusticia!

El costo de la vida aumenta debido a la inflación galopante. Los bancos redujeron la tasa de interés de los ahorros y cobran por cualquier servicio que antes era gratuito. Las compañías inmobiliarias construyen casitas más pequeñas, lejos y de menor calidad, pero más caras. Los matrimonios jóvenes difícilmente tendrán recursos para adquirirlas.

La Defensoría del Pueblo y la Asep parecen responder a las compañías de servicios públicos. Es inútil quejarse o denunciar, pues sales desilusionado.

Cada vez hay más cantinas (muchas cercanas a colegios), en consecuencia los borrachos se orinan en las calles sin reparo, matan a los transeúntes o golpean a sus esposas e hijos, lo que aumenta la violencia intrafamiliar.

Los casinos son verdaderos infiernos que atrapan a cientos de ancianos, enfermos de ludopatía. Los pacientes psiquiátricos se reproducen cual conejos, sin que nada ni nadie ponga un alto.

¿Y el medioambiente? Pobre de mi pequeño país. Nadie ha logrado detener a los buscadores de oro a cielo abierto, que contaminan suelos, ríos y quebradas, agotando los recursos renovables, y envenenando poblaciones enteras. La basura nos asfixia. El ciudadano desconoce la utilidad de los recipientes para depositar desechos, el sistema de recolección es ineficiente y costoso, y no se recicla ni hay indicios de que se programe hacerlo.

¿Por dónde empezar? Es bueno tomarse un tiempo y hacer las cosas bien, estamos de acuerdo, pero hay que dar señales de que se tiene la intención de resolver. En mi familia confiamos en Dios, no en el hombre. La Biblia enseña, “bendito aquel que confía en Dios, porque será como árbol plantado junto a las aguas. No verá cuando venga el calor, sino que su hoja estará verde; no se fatigara, ni dejara de dar frutos”. Rubén Darío, al ver los desatinos de la sociedad de su época, escribió: “La tierra esta preñada de dolor tan profundo que el sonador, imperial meditabundo, sufre con las angustias del corazón del mundo /Ven Señor, para hacer la gloria de ti mismo/ Ven con temblor de estrellas y horror de cataclismo/ Ven a traer amor y paz sobre el abismo”.

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