VICIOS EN LA CONDUCCIÓN DEL ESTADO

Otros papeles de Panamá: Carlos Guevara Mann

Otros papeles de Panamá: Carlos Guevara Mann Otros papeles de Panamá: Carlos Guevara Mann
Otros papeles de Panamá: Carlos Guevara Mann

“… la administración pública es deplorable. Un ejército de empleados y vampiros humanos … succiona los recursos del Estado. Las crecientes obligaciones multiplican la deuda estatal … Los funcionarios no tienen el menor concepto de sus deberes hacia la ciudadanía, la cual provee el ingreso que malgastan. Despóticos en sus actuaciones, para alcanzar sus fines aplican dilatadamente leyes anticuadas aún vigentes…”.

Quien desconozca la procedencia de estas líneas podría pensar que retratan la actualidad panameña. Pero fueron escritas 105 años atrás. Forman parte de otra colección de papeles de Panamá–no tan abundante como la de Mossack Fonseca, aunque muy reveladora– que se conserva en los Archivos Nacionales del Reino Unido.

La cita proviene del informe anual que el ministro (embajador) británico en el istmo, Sir Claude Mallet, envió confidencialmente al secretario británico de Asuntos Exteriores, Sir Edward Grey, en 1911. Destaca la mediocridad, la desorganización, el autoritarismo y la corrupción, vicios que históricamente han plagado la conducción del Estado panameño.

Desde la óptica de las ciencias sociales, su permanencia a través del tiempo es intrigante. Que la calidad de la administración pública haya cambiado poco o nada en más de un siglo dice mucho de la índole y el talante de los políticos istmeños.

Habla también de la indiferencia ciudadana y de los estímulos recibidos del extranjero, a lo largo de los siglos, para que algunos sectores económicos sigan sirviendo al crimen organizado, según lo confirman otros papeles de Panamá, procedentes del Archivo de Indias e interesantemente reseñados en el diario español ABC (10 de abril, http://www.abc.es/cultura/abci-otros-papeles-panama-desde-siglo-201604100223_noticia.html).

Estos vicios –particularmente, la corrupción– constituyen el trasfondo del grave problema que nos ha causado la venta indiscriminada de sociedades anónimas, durante demasiados años, por Mossack Fonseca y otras oficinas forenses de igual o peor calaña. Frente a semejante calamidad, nuestros gobernantes optan por lo baratamente cosmético en vez de lo substancial, que es atacar con dureza la corrupción.

Tan pronto irrumpió en el escenario mediático la fuga de documentos, debió iniciarse una investigación sobre las actividades de la firma directamente implicada y decretarse la detención preventiva de sus apoderados y empleados de confianza. (En Panamá se imponen medidas cautelares por asuntos bastante menos importantes). Así se hubiese enviado un poderoso mensaje de rechazo a las modalidades de delincuencia internacional expuestas en los papeles de Mossack Fonseca.

En vez de ello, las mal llamadas “autoridades” insistieron en el presunto “hackeo” y la supuesta falta de pruebas de comisión de delitos según la legislación panameña. Pareciera que quienes dirigen el sistema judicial jamás han oído hablar de la Convención Americana contra la Corrupción de 1996 (Convención de Caracas, ratificada por Panamá en 1998), la Convención de las Naciones Unidas contra la delincuencia organizada transnacional de 2000 (Convención de Palermo, aprobada por Panamá en 2004) y la Convención de las Naciones Unidas contra la corrupción de 2003 (Convención de Mérida, ratificada por Panamá en 2005), todas las cuales forman parte de nuestro bloque de constitucionalidad, según el artículo 4° de la carta fundamental (“La República de Panamá acata las normas del Derecho Internacional”).

La resistencia a judicializar el odioso caso contrasta con el entusiasmo por lo publicitario e insustancial. En vez de investigar y procesar a los mayores maleantes del país, incluyendo a los expresidentes que tanto han hecho por promover la corrupción, se nombra un “Comité Independiente de Expertos” (La Prensa, 29 de abril), del que forma parte un fiel servidor de la dictadura militar –el período más corrupto de nuestra historia– el cual logró colarse en la Presidencia de la República tras el monstruoso fraude electoral de 1984.

¿Alguien les habrá dicho al erudito profesor Stiglitz, el reputado profesor Pieth y el conocido profesor Artavia, que tienen de compañero en dicho comité a un empleado de los cuarteles y presidente por fraude, quien durante su “mandato” condonó los latrocinios, el narcotráfico y el despotismo de los criminales uniformados que mandaban en el país?

Un individuo honorable se abstendría de participar en esa pantomima, objetable para quienes auténticamente deseamos el mejoramiento en la administración pública, pero muy de acuerdo con el estilo inmemorial de nuestros políticos, según lo recalcan otros papeles de Panamá, como el que escribió el embajador Mallet en 1911.

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