CAÍDA AL TERCER LUGAR

¿Qué le pasó al PRD?: Ramón A. Mendoza C.

Las elecciones que acaban de concluir han sido una lección tanto para el partido en el poder como para los contendores. Del resultado se pueden extraer muchas conclusiones, pero me interesa darle un vistazo al Partido Revolucionario Democrático (PRD). Todas las encuestas, que resultaron ser un fiasco, colocaban al PRD y a su candidato a la Presidencia como el segundo en disputa y principal opositor político. La experiencia, el número de inscritos y la estructura del partido eran elementos teóricos que le permitían una cómoda solvencia como contrincante político, el mejor calificado.

Pero los resultados fueron otros, no solo se le desbancó de tener el privilegio de ser considerado el primer contendiente, sino que quedó relegado a un tercer puesto, superado por un partido con menos membresía, sin la estructura y organización política, y afectado por serias divisiones internas. El PRD ha sido el más numeroso de la historia de Panamá, y en el mundo es el partido que más adherentes ha tenido en proporción a la población de un país. Resistió el embate de la nueva época democrática, a pesar de haber nacido en el seno de una dictadura militar, y no había sido relegado a un tercer puesto en las contiendas electorales.

¿Qué le pasó al PRD? Es víctima de sus propias contradicciones. Durante años una cúpula, controlada por las mismas figuras, ha mantenido el control interno. Las luchas por el manejo de los delegados se han degenerado al grado de que ofrecen el espectáculo de una riña popular, donde los arreglos, traiciones y componendas son la norma. Varias generaciones de jóvenes ven frustradas sus aspiraciones, pues son utilizados tanto en las campañas internas como externas y algunos relegados a puestecitos de ínfima categoría, mientras los allegados y parientes de los directivos ocupan importantes cargos administrativos y usufructúan las beneficios que destila el poder político.

Por otra parte, a pesar de que el PRD obedece ideológicamente a la social democracia, es una verdad cierta que hoy es un partido anémico de sustancia ideológica, y las enseñanzas de Omar Torrijos, su fundador, se desvanecen en el olvido con el pasar del tiempo. Si se pregunta a sus integrantes en qué consiste la social democracia, es casi seguro que una gran mayoría desconoce de qué se le habla.

En el PRD hay gente honesta, profesionales inteligentes y capaces y, sobre todo, una juventud que no ha encontrado la respuesta cierta a sus anhelos. Si los dirigentes no se dan cuenta de esta realidad y se obcecan en mantener el control para logros personales, tarde o temprano, las bases se darán cuenta de que solo son un número en un listado. Si el partido no se nutre de savia ideológica, renueva sus cuadros directivos y no permite el desarrollo generacional, se convertirá en una nave de piratas, dispuestos a destriparse entre ellos para disputarse el botín del poder político. Todavía les queda la oportunidad de recrear un gran partido, pero para mañana puede ser tarde.

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