CONVENIOS MACABROS

Los ´magos´ del patio: Carlos Eduardo Galán Ponce

Si por el encabezado crees que vas a ilustrarte de cómo un fantoche salió por allí a regalarle a sus votantes jamones adquiridos con el dinero de los contribuyentes de todo el país, te equivocaste. No vale la pena. De esa trapisonda patrocinada por los llamados a evitarla, ya todo el mundo está enterado. Los personajes a tratar aquí son menos gañanes, pero más sofisticados, de más alto vuelo y mucho más dañinos.

Los reyes magos en la fe cristiana vinieron de tierras lejanas de oriente, siguiendo una estrella, a adorar a Jesús en Belén. Son representados por tres reyes magos que llegan hasta el modesto pesebre en el que había nacido el redentor, trayendo oro, incienso y mirra. En realidad pudieron ser más, como ocurre en este pequeño país que aguanta todo, en donde los personajes son mucho más de tres; solo que estos “magos” criollos –que son reyes en otras cosas– aquí actúan al revés. No traen nada de tierras lejanas, como los magos de oriente, si no que se las han ingeniado para regalar, vender o compartir en macabros convenios lo que ya había aquí, para darlo a los venidos de tierras lejanas. Y como el incienso y la mirra no llama la atención a su goloso paladar, se han “conformado” con el oro.

Así comenzaron con arrebatarnos el control de nuestras generadoras eléctricas. La telefonía Intel –“de creación revolucionaria”, como decían los mismos que la vendieron– siguió rauda en la ruta de nuestros “magos” rumbo a manos de individuos de tierras lejanas. Los valiosos terrenos del antiguo aeropuerto de Paitilla fueron a dar a manos de distantes charros mexicanos. ¿Gratis? No seas bobo. Pero mientras aeropuertos clausurados, por haberse convertido en áreas céntricas, como La Sabana, en Costa Rica, e Iguazú, en Argentina, fueron convertidos en parques recreativos del Estado –pulmones de la ciudad–, aquí pasaron a ser un negociado con extraños para revenderlos tapizados de cemento.

En el sistema oficial de tránsito vehicular, nuestros “magos” criollos encontraron una mina para cargarse de regalos y llevarlos para compartir a otras tierras. Primero tomaron la confección de las licencias de manejar vehículos, que eran expedidas con eficiencia por oficinas nuestras y se las traspasaron, como negocio, a intereses de otras tierras. Tomaron el transporte colectivo y se lo cedieron a otros “niños” de afuera que esperaban, ansiosos, la llegada del 6 de enero. Descartaron la participación de empresas panameñas para adoptar los Metro Bus, propiedad de extraños que venían del país vecino. Continuaron con las cámaras de registro de infracciones que, como buenos aprovechados, inauguraron sin avisar, instaladas en un sitio estratégico para meterle la mano en el bolsillo a los conductores. Y el que se la mete, tampoco es de aquí. Continuaron con las tarjetas prepagadas, y creo que esta vez los camellos de los “magos” fueron a Chile. Y te obligan a comprárselas vacías, cuando cualquier negocio regala las suyas para atraer al cliente.

En el negocio de la construcción se mueven enormes cantidades de dinero, y a nuestros “magos” no les tomó nada enterrarse de ello y sumar este botín a su saco de regalos. Hubo que darle a venidos de tierras lejanas los contratos para la construcción de carreteras y aeropuertos, porque aquí “no hay” ninguna firma de profesionales nacionales que sepa pegar un bloque.

Y como en cualquier época el grato olor de la comida penetra los sentidos, ese aroma los llevó a darse de frente con una gran olla; y vieron que si la revolvían bien, podría convertirse en la olla colmada de oro al final del arcoíris. Repleta con 100 millones de dólares. Y, nuevamente, como aquí en Panamá “nadie sabe” cocinar, cargaron con ella y montados en sus camellos se la llevaron a colombianizar. Y lo mejor de la millonaria olla es que estaba atada, indemne, “privada de libertad”, en una cárcel donde nadie podía defenderla. Y como luego de completado el festín, había que asegurarse que el próximo gobierno no se los pudiera arrebatar, le metieron siete años de matrimonio indisoluble.

El subsuelo y los ríos son el bocado del cardenal. Estos “magos” criollos los han ido regalando por una bicoca, o por una parte para ellos, a todo el que ha aparecido. Y al que no sabía de esto, lo fueron a buscar. La provincia de Chiriquí está bajo el asalto de individuos que se llevan todo lo que pueden. Cuando leo la cantidad de proyectos hidroeléctricos autorizados y por aprobar que estos “magos”, que no viven aquí y que no les cabe ningún derecho histórico, tienen en sus manos, pienso que es hora de que nos paremos y luchemos para detener la destrucción de nuestros recursos naturales, como hacen otras comunidades amenazadas por la operación de canteras y extracción de arenas. Si a la ciudad de Panamá la quieren cubrir de cemento y refrigerarla entera y que crezca al 1000%, háganlo con sus propios recursos. Instalen hidroeléctricas en sus ríos, que ellos mismos convirtieron en cloacas pestilentes, pero dejen a los demás en paz. Donde se lea “dar” o “regalar”, entiéndase “compartir” o “participar”. Aquí nada de eso es gratis.

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