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EL MALCONTENTO

Mi patria en un iPhone: Paco Gómez Nadal

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Nos alistamos para las fiestas que rememoran las fechas clave de la (s) independencia (s) de Panamá y, de forma razonable, sufrimos “patriotitis”, o inflamación de las glándulas patrióticas. Nadie ayuda a desinflamar estas glándulas que suelen enfermarse de tópicos, conservadurismo y pánico a todo giro de la bandera no autorizado por el decreto pertinente.

El nacionalismo puede ser bueno cuando alienta la autoestima y empodera a la ciudadanía. Creo que Panamá tiene asuntos pendientes que ajustar con su propia Patria, pero ese es un camino lento y lleno de trampas que debe recorrer. El peligro del nacionalismo mal entendido es considerar que este consiste en la forma y no en el fondo. Es lo que suele ocurrir.

Recuerdo algún juicio sumarísimo por alguna bandera puesta con la mejor intención, aunque con poco rigor en cuanto a la orientación de las estrellas. También me suena que fue una ofensa casi nacional el grito distorsionado del himno nacional en un reciente evento deportivo. Todos esos actos de histrionismo patriótico ya me escandalizaban, pero el último juicio sin derecho a defensa me parece infame. La noticia reza así: “Directora del Inac utiliza la tecnología para acordarse de la letra de Patria”. ¡Atención! ¡Paren las máquinas! El escándalo es supino... un iPhone se interpone entre la realidad y nuestra “patrotitis” para escarnio de la memoria de Ricardo Miró que, ofendido en su ausencia, declara desierto el premio al patriota mayor.... Una locura.

No sé qué es peor, que de las fiestas de las letras nacionales la noticia sea esa; que se fustigue a Natalia Beluche por haber olvidado la letra del loado poema; que se convierta en delito el uso de la tecnología para leerlo; o que la directora del Inac no sea un papagayo que pueda repetir de memoria todos los símbolos patrios oficiales y oficiosos sin pestañear. Una locura.

El nacionalismo puede ser bueno siempre que sea constructivo, educativo, empoderador. No parece una buena receta cuando es provinciano, se queda en lo anecdótico y olvida que lo importante no es lo que fuimos, sino lo que podemos ser. La pobre Beluche tiene derecho a equivocarse al recitar, la directora del Inac mostró reflejos para solventar el vacío patriótico y los medios pecan de ceguera cuando denuncian lo natural como anormal.

¿Cuántos panameños se saben de memoria todo el poema de Miró? Es más... ¿Cuántos panameños han leído algo más de Ricardo Miró que no sea el poema Patria? El nacionalismo mal entendido es demagógico y tramposo. Además, es un arma fácil para seres sin argumentos.

Patria, en todo caso, sería “el recuerdo... Pedazos de la vida/ envueltos en jirones de amor o de dolor;/ la palma rumorosa, la música sabida,/ el huerto ya sin flores, sin hojas, sin verdor”. Poco más y todo eso. Pero Patria, de verdad, también sería un gobierno que quintuplica el presupuesto para la cultura, con un Inac convertido en ministerio y una red de promotores culturales regados por toda la geografía nacional. Patria sería el apoyo a los creadores de todo el país para que produzcan y muestren su trabajo, el desarrollo de un programa de historia nacional veraz que fuera obligatorio en todos los niveles del sistema educativo. Patria debe ser el respeto a los otros, el ejercicio periodístico desde la inteligencia y el balance. Patria podría ser tantas cosas, que deberíamos elegir lo bueno y descartar la basura para evitar inflamaciones innecesarias y siempre nocivas de la glándula nacional.

Esta entrega de los premios Ricardo Miró representa, de algún modo, una alerta para el nuevo gobierno. La política pública cultural ha sido la gran perjudicada del “desarrollismo” en Panamá. Anecdotizada, reducida a concursos de oratoria y otras soflamas vacías, solo al servicio de decorar eventos y folclorizar los actos oficiales... Pero la cultura es mucho más. Panamá es de una riqueza cultural inmensa pero, como escribí hace unas semanas, ese patrimonio subsiste de milagro gracias al esfuerzo privado de creadores y gestores culturales. Ya es hora de políticas públicas serias, universales, integradoras, modernizadoras. La Patria no acaba en las fronteras de un poema con 105 años de vida. En realidad, la Patria nace ahí y reclama su propia evolución, acorde a los tiempos y a la sociedad que contiene. Yo prefiero la Patria contenida en un iPhone que el inmovilismo de los moralistas.

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