SOCIEDAD Y DEMOCRACIA

El periodismo y el poder: Carlos A. Alvarado

Recientemente, el programa “Tiene la palabra” que se transmite en el canal de televisión Todo Noticias de Buenos Aires, Argentina, entrevistó al renombrado periodista Nelson Castro. Él describió un episodio que refleja el riesgo de maltrato que podría enfrentar un periodista al cuestionar al poder político, y ofreció un fascinante ejemplo de solidaridad profesional.

Para beneficio del lector, Castro se graduó de médico con honores de la Universidad de Buenos Aires, se especializó en neurología, estudió periodismo en la Escuela Superior de Periodismo en esa ciudad, y se especializó en periodismo político en Estados Unidos (EU), gracias a una beca del World Press Institute que obtuvo en premio a sus méritos, en una competencia en la que participaron alrededor de mil 500 candidatos de todo el mundo.

Entre las anécdotas que relató durante la entrevista, resalta una que le tocó vivir al inicio de su carrera, cuando, trabajando como corresponsal en Washington, fue asignado a cubrir una conferencia de prensa del presidente Ronald Reagan. Castro se había destacado cubriendo el Irangate, escándalo que surgió debido a la develación por los medios de la venta ilegal de armas por EU a Irán, que tenía como fin financiar a los contras que intentaban derrocar al sandinismo en Nicaragua. En ella estaban involucrados dos personajes, el almirante Pointdexter y el general Oliver North, que habían dirigido la operación.

Previo a la conferencia, Castro fue favorecido para hacer una pregunta por el sorteo realizado por la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca. Cuando llegó su turno, Castro le preguntó a Reagan si él se sentía traicionado por North, si no creía que le había dado una especie de información sesgada. Reagan contestó: “Esa pregunta no la voy a contestar por su intencionalidad insidiosa”.

Reagan continuó respondiendo. Cuando estaba por terminar, un periodista de The New York Times se levantó. Según Castro, dijo: “Sr. Presidente, usted aún no ha respondido la pregunta que le hizo el periodista [Castro]. Usted nos ha invitado para responder nuestras preguntas, no a juzgar su intencionalidad. Imagínese usted qué ocurriría si nosotros los periodistas comenzamos a juzgar la intencionalidad de sus respuestas”.

Entonces, Reagan regresó y con gran humildad, dirigiéndose a Castro, dijo “Discúlpeme, ¿cuál era su pregunta?”. Castro la repitió. Reagan contestó “La respuesta es no”, y se retiró. Al terminar la conferencia, Castro, muy sorprendido por el poder de la prensa, se acercó al periodista del NY Times para agradecerle. Este le dijo: “Usted no tiene nada que agradecer. ¿Acaso Ud. no hubiera hecho lo mismo por mí?”. Castro pensó en la relación del periodismo con el poder en Argentina y contestó: “Hasta hoy no lo hubiera hecho, desde hoy en adelante sí”. Me sorprendió mucho el coraje de estos periodistas, reflexionó. Fue una gran lección para más de un periodista obsecuente o los políticos groseros de nuestra región. Una lección sobre lo que significa esa profesión y el respeto que el poder político y económico deben tener por ella. El incidente llevó a Castro a decidir sobre su responsabilidad de reflexionar previamente las preguntas que haría en cualquier entrevista futura.

Castro suele manifestar que este fue solo un incidente más en una conferencia de prensa. No estoy de acuerdo. Si pensamos que ocurrió entre el presidente de la nación más poderosa del mundo y un periodista que apenas daba sus primeros pasos en la profesión, la perspectiva cambia totalmente. Considero que en EU, país tan dado a ofrecer conferencias de prensa, los participantes, tanto del poder político o económico, como los periodistas, al ingresar a la sala de conferencias, por la magia del ambiente, se convierten en dos iguales, uno pregunta y el otro responde. Un mensaje muy poderoso para los periodistas y políticos de Panamá.

La experiencia vivida por Castro podría servir de ejemplo de cómo debería ser aquí la relación entre la prensa y el poder político y económico. El deber de estos últimos es informar. La misión fundamental del periodismo es develar la verdad por el compromiso que tiene con la sociedad a la que sirve. En este proceso, el periodista debe saber encarar riesgos como el que enfrentó Castro ante Reagan. Castro suele decir: “Para mí, ser ético es un compromiso de vida, no una simple declaración”.

Lamentablemente, la prensa independiente en Panamá enfrenta escollos, y con demasiada frecuencia recibe el mismo maltrato del que pudo ser víctima Castro por intentar cumplir su misión como periodista. Una misión que adquiere mayor relevancia a medida que las instituciones democráticas llamadas a servir de peso y contrapeso pierden su independencia, y el estado de derecho su efectividad.

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