MIRADA ELECTORAL

Con el poder de tu voto, elige al mejor: Augusto A. Grimaldo

Los voceros del gobierno dan por hecho que su candidato ganará la contienda electoral, sin embargo, no cesan sus ataques contra Juan Carlos Navarro y Juan Carlos Varela. Una especie de incertidumbre los corroe. ¿No les están saliendo sus planes? ¿Se equivocaron al escoger a un presidencial sin trayectoria? Busquemos las respuestas en los recientes hechos políticos de Latinoamérica.

En 11 países de la región ha triunfado el oficialismo en las últimas elecciones. En tres de ellos (Bolivia, Ecuador y Nicaragua) se reeligió directamente el presidente de turno; en otros cuatro (Brasil, Colombia, Venezuela y República Dominicana) el mandatario electo llegó al poder luego de que su predecesor gobernara el país al menos por dos períodos consecutivos.

Solo en cuatro países (Argentina, El Salvador, Honduras y Uruguay) el partido de gobierno pudo ganar las elecciones con un candidato nuevo, sin que el presidente anterior se hubiese reelegido previamente.

Esto último es lo que pretende hacer el actual Gobierno de Panamá, con la diferencia de que todos los candidatos de los otros países superaban ampliamente la trayectoria política de José Domingo Arias, cuya experiencia como servidor público se limita a 26 meses como viceministro de Comercio Exterior y 18 meses como ministro de Vivienda.

Cuando Cristina Kirchner alcanzó la Presidencia de Argentina en 2007, aparte de ser la primera dama de la Nación, tenía 18 años de vida política como diputada y senadora.

Salvador Sánchez Cerén, triunfador en los recientes comicios de El Salvador, fue elegido diputado en 2000, siendo reelecto en 2003 y 2006. Posteriormente, durante la gestión de Mauricio Funes fue vicepresidente y ministro de Educación.

En Honduras, Juan Orlando Hernández, antes de ser electo presidente en 2013, fungió como diputado en cuatro períodos consecutivos desde 1998. El presidente uruguayo José Pepe Mujica ocupó puestos públicos desde 1995, siendo diputado y senador. Luego, a partir de 2005 formó parte por tres años del gabinete de Tabaré Vásquez.

Conscientes de la inexperiencia de Arias, sus asesores han elaborado cuñas que lo definen como un hombre con liderazgo, temple, carácter y capaz de tomar sus propias decisiones. En este sentido, los consultores políticos ecuatorianos Jaime Durán y Santiago Nieto plantean: “No hay asesoramiento técnico ni truco publicitario que pueda reemplazar al candidato”. En diciembre de 2013, el diputado Jorge Alberto Rosas dijo “Arias es un candidato sacado de un sombrero. Un producto enlatado”.

A pesar de que el candidato de gobierno tiene muchísimos más recursos a su favor que cualquiera de sus contrincantes y una agresiva campaña publicitaria, los consultores mexicanos José Adolfo Ibinarriaga y Roberto Trad aseguran que “en las campañas modernas no podemos atenernos solo a la superioridad de recursos”.

Según el periodista Jorge Fernández Menéndez, en las últimas elecciones presidenciales de Venezuela, Nicolás Maduro tuvo 40 veces más publicidad que Henrique Capriles, sin embargo, en las urnas obtuvo solo 1.49% de votos más que su adversario.

José Domingo Arias intentó beneficiarse de la popularidad del Presidente, postulando como vicepresidenta a Marta Linares de Martinelli, estrategia que no funcionó. La población percibió tal designación como un intento de reelección presidencial disfrazada. Además, el liderazgo no es transferible. En Colombia, el expresidente Álvaro Uribe ha intentado infructuosamente trasladar su carisma al candidato presidencial Óscar Zuluaga.

El gobierno apuesta a que la reciente inauguración del Metro y de la cinta costera III beneficiarán a su candidato. Durán y Nieto sostienen que “hacer una obra no compra la voluntad de los electores. Las necesidades son infinitas y los votantes actuales no son sumisos, ni sienten que deben agradecer a las autoridades por lo que hacen”.

Los resultados de las últimas elecciones efectuadas en Latinoamérica han sido cerrados. En Costa Rica, la primera vuelta electoral posicionó a Luis Guillermo Solís por tan solo 1.16% sobre el candidato oficialista.

En El Salvador, Salvador Sánchez Cerén ganó con una diferencia de 0.22% sobre el opositor Norman Quijano. En los últimos 25 años, los panameños han favorecido en todas las elecciones a la oposición. Cada intento de gobiernos anteriores de postular a candidatos sin trayectoria política fracasó.

A Cambio Democrático tampoco le favorece haber roto la alianza que mantenían con el Partido Panameñista, pues ahora hay dos candidatos que pertenecieron al gobierno, Arias y Varela, y un solo candidato opositor, Navarro.

El oficialismo perdió en las últimas elecciones realizadas en Costa Rica, Guatemala, México, Paraguay y Perú. ¿Ocurrirá lo mismo en Panamá?

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