CAMBIOS NECESARIOS

La política del amor: José Blandon Figueroa

Entre la logia de los consultores políticos latinoamericanos está de moda hablar de “la política del amor”. Se plantea que el electorado está cansado de los conflictos y que el discurso que impera es el del amor: cero controversia, solo hablar en positivo, etcétera.

A decir verdad, también pienso que el perenne “dime que te diré” de la política criolla debe tener hastiados a muchos. Lo ideal sería, sin lugar a dudas, que nuestro debate político sea más asertivo y se enfoque en buscar respuestas a los problemas que nos aquejan desde una perspectiva constructiva. Pero al mismo tiempo, hay algo que me incomoda en ese planteamiento, algo que para mí no encaja.

Cuando amas a alguien, estás dispuesto a todo para evitar que le hagan daño. Cuando amas con pasión, puedes convertirte en un león para defender a tu ser querido. Para quienes hemos sentido o sentimos esa pasión que surge del amor verdadero, es incomprensible que le hablen de un amor que calla ante el sufrimiento o la injusticia.

Para mí, en una coyuntura en la que te enfrentas a un gobierno autoritario y corrupto, la única manera de ser consecuente cuando amas de verdad a tu patria, es luchar con valentía para cambiar esa realidad. Y esa lucha pasa por denunciar los atropellos y las tropelías de los gobernantes de turno.

Si en mi país hay miles que viven en la pobreza extrema y en la pobreza; si en mi país hay miles que aún no gozan de los servicios públicos básicos; y todo eso sucede, mientras hay millones que se desvían a los bolsillos de unos cuantos avivatos, no entiendo cómo puedo amar a mi país y a mi gente y al mismo tiempo, guardar silencio por temor a que me vean como alguien “negativo”.

En mi lógica, es imposible entender cómo es “negativo” quien denuncia el robo descarado de los fondos públicos y es “positivo” el que guarda silencio cómplice frente a ello. Si hay algo negativo es que malversen fondos públicos, no que se denuncie. Quien actúa positivamente, quien actúa con amor, es quien pone en riesgo su propia integridad física o económica para evitar que los fondos se desvíen a particulares, cuando deben ser utilizados en beneficio de la mayoría.

En conclusión, estoy de acuerdo totalmente con que tengamos políticos que actúen por amor y no por egoísmo o avaricia. En lo personal, estoy en política porque me gusta y porque amo a mi país y creo que se merece un mejor futuro. Y porque amo lo que hago y amo a mi gente, me indigna ver a quienes solo ven un puesto público como una oportunidad fácil de enriquecerse, aunque sea a costa del hambre y la miseria de muchos. Defender a las mayorías humildes, para mí, es hacer política con amor.

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