SEGUNDAS INTENCIONES

La política del cemento: Rolando Caballero Navarrete

Por este título, los lectores creerán que se trata de la crítica de un opositor al gobierno actual, pero no va dirigida solo a ellos, sino a todos los que han pasado.

Lo que ocurre es que en el actual ha sido tan evidente esta práctica, que hasta el panameño más humilde se da cuenta de que aquí lo que sobran son las grandes obras que el Gobierno quiere hacer, sin pensar en la salud de los ciudadanos, especialmente de los que viven en la capital y que constituyen la mayoría del poder votante. Lo cierto es que se gastan sumas absurdamente millonarias en cemento para “ganar el voto”.

En este gobierno, que ya está próximo a cumplir su cuarto año, hemos visto un derroche de concreto, cemento, hormigón y asfalto como nunca antes, lo que se debe –según ellos– a que los anteriores presidentes no ejecutaron las obras que sabían eran necesarias.

Esto puede ser un argumento válido, sin embargo, al ejecutar todos los proyectos de infraestructura al mismo tiempo han causado un gran desorden de tránsito vial de la ciudad, a tal punto que ya no se pueden mover ni los peatones sin tropezarse con alguna construcción. Resulta casi inhumano vivir en la ciudad de Panamá o en San Miguelito. Los conductores, por ejemplo, pasan hasta una hora en un automóvil para recorrer 10 kilómetros, y lo único que hace el Estado es pedir que la gente tenga paciencia, acuñando la frase de un exministro de Obras Públicas: “los tranques pasan y las obras quedan”. Permítanme decirles que si bien es cierto que las obras quedan, el sinsabor de los capitalinos también queda al recordar los días enteros que pasan lidiando con un tráfico infernal que les resta salud, tiempo de trabajo, dedicación a la familia y descanso.

Todo esto debido a la política del cemento que nos atacó con furia en este quinquenio y que no dejó una sola calle sin levantar o cerrar por la construcción de otra “megaobra necesaria”. No podían esperar a que terminara una para comenzar la otra, no, eso es casi imposible porque el tiempo es corto. Son cinco años y hay que hacer todo lo que se pueda para que el candidato de gobierno utilice esto como cuña política y procure mantenerse en el poder. Hay que cerrar todos los contratos posibles para que el próximo gobierno se quede sin obras que realizar y con cuentas millonarias por pagar, que vaciarán las arcas estatales en los primeros meses para hacer frente a todos los compromisos adquiridos.

Creo firmemente que los panameños debemos empezar a pensar si queremos tener un gobierno que ejecuta obras, debidamente planificadas, o uno que decide construir y arreglar todo lo que pueda para ganar las siguientes elecciones, sin tener en cuenta el sacrificio al que lleva a los miles de jubilados, padres, madres e hijos que, día a día, salen a la calle a ver cómo se las arreglan para llegar a sus trabajos y escuelas y cumplir sus obligaciones.

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