EN BUSCA DEL MEJOR LÍDER

De política y penales: Diana Arosemena

Veamos qué tienen en común y qué diferencia el fútbol de la política. Ambos tienen un director técnico que planea la estrategia. En el fútbol, todo se planifica de acuerdo con la calidad de los jugadores. En la política, desafortunadamente, la excelencia no es requisito, pero igualmente hay estrategia. Ambos, fútbol y política, juegan ante sus aficionados. En el fútbol hay muy poco margen para ocultar los errores. ¡No pueden! En la política juegan constantemente tras y delante de sus evaluadores. ¡Sí pueden!

Ambos tienen un gran público que los apoya, se emociona, grita, llora, pero también los abuchea. Es muy fácil darse cuenta cuál jugador busca crear su oportunidad de gol con sentido de equipo. También reconocemos rápidamente al que escoge la individualidad. Es decir, luchar por el gol echando a un lado al grupo, imponer su estilo y si atina: ¡goool! Al momento, todos felices, pero si no atina, de inmediato el “héroe” es sepultado por las críticas de sus seguidores.

Un poco lo que pasa en la política, ¿no?

En el fútbol el gran evento es cada cuatro años y en la política cada cinco. Durante todo ese tiempo los mejores futbolistas se preparan, llevando gozo en diferentes ligas alrededor del mundo, pero siempre esperando ser escogidos para abanderarse con la insignia más valiosa para representar a su país. Muchos se conocen poco o nada, pero la meta es dar el todo por el todo y dejar en alto el nombre de su país.

En la política, para nuestra desdicha, se preparan los más soñadores. Sueñan con formas más ingeniosas de seguir engañando al pueblo, de idear viejas prebendas que suenen a nuevas y lo más triste, los esperanzados los siguen idiotizados por los jingles y las mentiras que suenan a regalos del Niño Dios.

¡Qué suerte tienen los jugadores de fútbol, que cuentan con árbitros que los observan y los amonestan! ¡Señor director técnico, qué suerte la suya! En el campo de juego hay alguien que puede sacar tarjetas amarillas y rojas a sus pupilos cuando actúan incorrectamente. Es más, hasta pueden aconsejarlo cuando pierde la compostura.

¡Qué viva el fútbol!

En la política es menos sencillo. Hay directores técnicos que creen ser el árbitro, el público y el dueño del equipo. Tienen buena intención, pero se hacen tal embrollo que terminan dirigiendo, arbitrando, jugando y narrando el juego. Hemos llegado al más angustioso final de juego. ¿En qué se parece la política al fútbol cuando se gana por goles en una decisión producto de penales o penalty?

Analiza, por favor. Exactamente, tienes alto riesgo de que gane el peor, el que menos se lo merece. Igualmente de que pierda el mejor, el que más se ha destacado en el juego, el que realmente hizo mérito para ganar. En el fútbol, es difícil que haya componendas. En política, ojo con los penales, de eso se trata la segunda vuelta.

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